Este sábado me había levantado temprano como siempre. Sacar a pasear a los perros, hacer las compras en el mercado de San Bartolo, tomar un buen jugo de frutas, salir a correr por Santa María y bajar a la playa.
Todo bien, iba a San Bartolo con las ventanas del auto abiertas para que entre el aire mientras escuchaba mi música. Llegué, estacioné en la esquina de siempre, lejos de todos y entré al mercado a buscar a mi caserita.
Marisol me había dejado la lista de compras que el día anterior le había reclamado porque nunca me pone cantidades: Palta, papa, tomate, choclo, yogurt light de vainilla, agua con gas y ya no me acuerdo que más... ¡Uno será adivino para saber cuánto de cada cosa!
Estaba yo con mi caserita pidiéndole el choclito cuando veo a mi costado a una chica que, que, que, ¡ufff! era Vanessa Tello.
En ese momento lo primero que extrañé fueron mis lentes oscuros, sin embargo traté de ser "cool" y bien cojudo seguí pidiendo mis paltitas, mis choclitos, las papas y los huevos, mientras el cuello y los ojos se me volteaban para mirar a esta niña famosa sin ser rochoso...
Que ridículo me sentía comprando un kilo de tomates mientras ella me miraba esperando a que terminaran de atenderme...
Lo cierto es que Vanessa Tello, en plan casual, sin maquillaje y sin tacos, es una chica linda como cualquiera. Debo reconocer que di un par de pasos atrás para ver ese gran atributo que la ha hecho famosa y tampoco...
Finalmente y para los interesados, lo que ella compró fue tan solo una bolsa de arroz y rabanitos...
