7 de mayo de 2020

La Cofradía de los Primeros Jueves



Fue en abril de 2002 que un grupo de la oficina fuimos a almorzar al Club Rinconada para celebrar el Día de la Secretaria. Terminada la reunión nos quedamos en el lugar un grupo más reducido de amigos, todos hombres. Yo puse una botella de whisky para compartir y en medio de la cháchara de sobremesa empezaron los comentarios acerca de las quejas de nuestras esposas porque salíamos casi todos los días con los amigotes, lo cual era falso porque lo cierto es que en esa época teníamos muchos eventos, reuniones de anuncios y cócteles que se realizaban en la noche y simplemente había que estar presentes. Era parte del trabajo. Que coincidiera que todos fuéramos amigotes es otra cosa.

Fue en esta sobremesa que se gestó La Cofradía de los Primeros Jueves, un grupo de amigos, en ese momento 14, que se reuniría los primeros jueves de cada mes en un restaurante diferente. La organización de estas reuniones sería rotativa y sería el responsable  a cargo el que decida el lugar, el menú, los vinos y lo que pudiera ser necesario. Días después se distribuiría el costo de la reunión entre todos los asistentes.

La primera reunión la organizó Curro en Casa Juan, un restaurante español en la Av. Salaverry a la que yo no pude asistir debido a que me encontraba de viaje. Desde esa primera reunión en mayo de 2002 nos hemos juntado más de 200 veces, siempre en un lugar diferente y las pocas veces que hemos repetido es porque el restaurante cambió su carta, porque cambió de dueños o, es cierto, porque alguien se pajareó.

En todos estos años hemos conocido restaurantes buenísimos, otros no tanto como ese llamado Get & Grill en La Molina al que nos llevó Leoncio en setiembre de 2012 y en el que ni siquiera sabían preparar un Pisco Sour, porque claro, los dueños eran una pareja de colombianos que no tenía la menor idea de nuestro cóctel de bandera. Nunca lo olvidaremos. También hemos conocido uno que otro huarique como el tradicional Café Tostado en Barranco. Y por supuesto están los restaurantes que en el camino tuvieron que cerrar, siendo Claudio el especialista en este tema, por lo que cada vez que a el le toca organizar advertimos al propietario o encargado del restaurante del riesgo que corre su establecimiento. Ahí están Il Cantuccio, Mare Monti, La Cofradía, Los Cavenecia, Da Luciana, Scena, Café del Mar, La Divina Comedia, Il Postino, Conroy, La Décima, Hervé y muchos otros más que tuvimos la suerte de conocer.

En la medida de las posibilidades tratamos de armar un menú de degustación que compartimos en pequeñas porciones mientras el propietario o el chef del establecimiento nos explica la composición y la forma de elaborar el plato. Otra opción es que el responsable organice la cena en su casa donde hemos disfrutado, paellas, parrillas y comidas muy especiales como las que hace Juan Diego. Y por supuesto las mini cofradías en la casa de Alfonso. Estas últimas son extraoficiales y siempre de día, aunque invariablemente terminan de noche.


De los 14 miembros originales, se fueron Toño, Alex y Lalo, y se integraron el Pollo y Mario, por lo que hoy somos 13, un número cabalístico, y así estamos desde hace mucho tiempo. Varios, incluso algunos que se han sentido con derechos, han querido incorporarse a este selecto grupo de amigos pero para que alguien sea aceptado tiene que haber una decisión unánime.

Las mujeres no están permitidas, ni por invitación por una sola vez. Y la vez que insinué esta posibilidad, hace muchos años, en el Blue Moon, casi fui suspendido. Claramente recuerdo que habíamos acordado proponer esto entre los primeros asistentes. Cuando llegó la madre superiora estábamos todos alineados en fila, escuchó la propuesta y exigió que el autor de semejante barbaridad diera un paso al frente. Pasó que todos dieron un paso para atrás dejándome solo delante de él. 

Cuando comenzamos con esta aventura culinaria entre amigos, todos estábamos en IBM. Hoy solo queda uno. Los demás estamos en otras empresas, trabajando de manera independiente y hasta casi jubilados.

La excepción la hacemos en el mes de diciembre, en que hacemos la Cofradía Navideña y en la que agasajamos a nuestras esposas y parejas. Para estas ocasiones hemos tenido lindas reuniones, algunas en la casa de Curro, recuerdo alguna en casa de Leoncio, una elegantísima que organizó Gonzalo en el Club Nacional, otra en la casa de Juan Diego en la que nos sorprendió con la presencia de Pochi Marambio y su grupo Tierra Sur poniéndonos la música de fondo. Las últimas por lo general han sido hechas en alguno de los restaurantes que más disfrutamos durante ese año. La última me tocó organizarla a mi y la hicimos en Zsa Zsa del Club Suizo.

¿Qué ha cambiado en todo este tiempo? Sin duda que ahora comemos menos y nuestras reuniones terminan más temprano. Los años no pasan en vano pero la amistad se mantiene intacta. Ah, y me olvidaba, ahora tenemos un celíaco.



La organización de una cofradía no es poca cosa y siempre nos puede generar un estrés adicional porque todos queremos quedar bien con el grupo a un precio razonable. Si es un nuevo restaurante lo más probable es que el responsable tenga que ir antes a visitarlo, conocer el lugar, ver la calidad del servicio, probar algunos platos, etc. Luego vendrá la elección del menú, calcular las cantidades, negociar los precios, el derecho de corcho y otros detalles más. Por supuesto esto aplica para todos menos para Carlitos, pues Mirta, su esposa, se encarga de todo y casi sin excepción será en un restaurante de comida oriental. Pasó alguna vez en el año 2007 que Mario y yo habíamos llegado más temprano a Larcomar, al restaurante elegido por Carlos y de lejos lo veíamos más perdido que cuy en tómbola buscando Amaranto, el lugar que escogió Mirta, otro de los restaurantes que cerró.

Hablando de precios, hemos tenido de todo, desde la más económica en Café Tostado, organizada por el barranquino del grupo y por la que creo pagamos menos de S/70 en junio de 2008, hasta la más cara, organizada por Arturo en octubre de 2015 en Nos, el restaurante de Virgilio Martínez que quedaba en la Av. Vasco Núñez de Balboa en Miraflores, que también cerró y que nos costó un ojo de la cara.

Anécdotas tenemos muchas. Recuerdo especialmente cuando Gonzalo, el más innovador del grupo a mi parecer, organizó y fuimos a comer a Maido, un restaurante desconocido que recién estaba en marcha blanca y llegaron Gastón Acurio y su equipo para hacer un reportaje para el programa Aventura Culinaria que tuvo hasta hace algunos años. Maido ha sido galardonado como el mejor restaurante de Latinoamérica en al menos dos ocasiones y ahí estuvimos nosotros en su marcha blanca y saliendo poco después en televisión.

Otra anécdota, aunque yo no participé de ella fue cuando Arturo organizó una reunión, no me acuerdo en cuál restaurante. Todos habían llegado menos él y nadie sabía qué hacer. Al final fue tal la preocupación que el grupo se comunicó con su hijo, que a la sazón también trabajaba con nosotros y terminaron buscándolo en comisarías, clínicas, hospitales y hasta en la morgue. Yo recién me enteré al día siguiente de lo que había pasado, pero tendría que ser el mismo Arturo el que cuente cómo terminó ese día en Puno.

O cuando se me ocurrió organizar una noche de pastas en La Linterna y Alfonso me hizo una rebelión y todos terminamos comiendo pizzas.

Una que recuerdo con muchísimo cariño y pena también, motivo de la foto que acompaña al título de este relato, fue la de la ocasión en que celebrábamos los primeros diez años de La Cofradía de los Primeros Jueves. Era el año 2012. Curro y yo nos ofrecimos para organizar esta edición especial y decidimos investigar  el restaurante Nanka, en La Molina, que no tenía mucho tiempo de haber sido inaugurado. Nos atendió Lorena Valdivia, propietaria del restaurante junto con su esposo, el australiano Jason Nanka. Ella nos hizo todas las sugerencias para la cena, nos armó el menú, nos dijo con qué debíamos maridar cada plato, inclusive alguno con cerveza negra. Lo cierto es que ella nos habló con tanta pasión y con tanto amor acerca de su comida que quedamos convencidos. Y es cierto, fue una cena espectacular e inolvidable. En la foto Jason y Lorena son los que están delante y de fondo tenemos el huerto de yerbas y especias que ellos hicieron. Como se supo, esta linda pareja falleció en Ayacucho en un accidente de auto en diciembre de ese mismo año junto con Iván Kisic. Los jóvenes chefs habían sido invitados por una cooperativa de productores de frutas de la zona para promocionar insumos como el tumbo y la tuna.

Y muchas más historias sin duda. Lo importante y que quiero resaltar es que más que un grupo de amigos que encontró en la gastronomía la excusa perfecta para reunirse todos los meses para ponerse al día, intercambiar experiencias y por supuesto reírse brindando alrededor de una mesa con una copa de vino, somos una familia.

Hoy, primer jueves del mes de mayo en que La Cofradía de los Primeros Jueves cumple 18 años de existencia y que no podemos reunirnos por segundo mes consecutivo debido al aislamiento social al que nos encontramos obligados por esta pandemia, quisiera con este relato, hacer un homenaje a este maravilloso grupo.

¡Salud queridos amigos! ¡Salud Curro, mi querido George, Dani, Juan Diego, Gonzalo, Arturo, Mario, Pollo, Leoncio, Alfonso, Carlos, Claudio! ¡Por nuestros primeros 18 años y porque que sean muchos más.

Confiemos en Dios que más pronto que tarde habrá ocasión de volver a juntarnos.