La
señora Eliane Karp no deja de sorprender al país con sus desatinos y
exabruptos. A través de sus diferentes declaraciones y actitudes, ella muestra
falta de respeto y desconocimiento del protocolo de su investidura de Primera
Dama que los peruanos no debemos, ni podemos aceptar. Esta señora, que entre
otras cosas habla de castas, machismo, blanquitos miraflorinos y partiduchos,
en el fondo lo que hace es sembrar más diferencias entre nosotros y pretende
colocarse en un nivel superior, tratándonos a los peruanos como seres salvajes
e inferiores a ella. Los peruanos en el 2001 votaron mayoritariamente por
Alejandro Toledo, no por ella, y el contrato matrimonial que la une al
Presidente no le da derecho a expresarse y actuar de la manera en que lo hace,
menos aún de mentir al país, como se descubrió recientemente. Soy hijo de un
extranjero que vive en el Perú desde hace casi 50 años y el siempre ha
respetado a los peruanos y a sus costumbres, sin tener que sentirse un
ciudadano de segunda categoría o medio ciudadano, como ha afirmado la señora
Karp.
De hecho, si la Presidenta pretende nacionalizarse peruana, a las autoridades que evalúen su solicitud no les deberá temblar la mano para determinar si efectivamente ella merece o no ser peruana. Mientras tanto, la Primera Dama, acorde con su rol, debería dedicarse a fomentar la tolerancia y la unión entre los peruanos.
