9 de diciembre de 2022

Las Vecinas del 203 y 302 (II Parte)


Antes de iniciar esta segunda parte de la historia, debo mencionar que, a raíz de la primera publicación, un relato de ficción, recibí una carta notarial en la que entre, otros, las personas que se sintieron aludidas y otras, me tildaron de "escribidor" —a mucha honra—. En dicha carta me acusaban de caricaturizar y ofender a los personajes del relato. Ridiculizar sí, siempre, porque es mi estilo sarcástico, ofender no.

Tres meses después de dicha carta, recibí una notificación de la Corte Superior de Justicia de Lima por la cual me enteré de que se había archivado una denuncia que me pusieron por "Violencia contra las mujeres y los integrantes del grupo familiar" y que "no ha lugar el otorgamiento de medidas de protección para la loca y de sus dos menores hijas (a quienes no conozco), por presuntos actos de violencia familiar". Interesante de que en este país uno se entere de que ha sido denunciado al final del proceso.

Es decir, la loca del 203 se obsesionó conmigo y me incluyó dentro de su grupo familiar. Nunca tanto por Dios, señora. Ni en la peor de mis pesadillas.

Ha pasado un poco el tiempo y ahora conozco mejor a mis vecinos: Sin duda la loca está cada vez más loca, ¡de manicomio en verdad!  Y a la señora que me ofreció las manzanas en el ascensor ni se le nota, está calladita.

En el camino, aparecieron un par de hermanitas, "niupes"(*). Ellas, que ya vivían en el edificio y ocupan dos departamentos siempre actuaron con perfil bajo, hasta que en algún momento tomaron el control de la Junta Directiva haciendo las de Kiko y Kako. Pero la mentira tiene patas cortas y fueron puestas al descubierto. Por supuesto, después de que se vieron obligadas a renunciar, nunca entregaron ninguna información y toda la documentación del edificio "se les perdió en un taxi". 

Ellas son las hermanitas Pili y Mili Quispe Huamán-Huapaya. Nadie sabe el origen de sus ingresos. Pili, vive con quien entendería es su "chauffeur", al que llaman James, ya que lo único que parece que hace es manejarle una camioneta de alta gama y pasearles a los perros. Ya la SUNAT se encargará de dilucidar el misterio de esta señora, que dicen es la reina de la yuca en el mercado de Villa María del Triunfo. La otra, Mili vive con la madre, una señora del Perú más profundo que uno pueda imaginarse, Al lado de las hermanitas, la esposa del expresidente Castillo, Lilia Paredes, parecería una modelo de Vogue o Sports Illustrated.

Y apareció también otro personajillo, el peor de todos, el gran villano de la historia. Lo cierto es que siempre estuvo ahí, pero como las ratas y las cucarachas, siempre se mueven en la oscuridad, bajo el piso o recorriendo los desagües.

Este individuo, Míster Burns (el personaje de la imagen que titula este relato), es la víbora de nuestro edificio.

El personaje de nuestro relato, hasta donde sé, es un vejete cegatón y medio sordo que trabajó como mediocre jefe de sistemas de una zapatería que terminó quebrada.

Míster Burns vive en este edificio desde que se inauguró y desde ahí, o tal vez antes, se siente Luis XIV, el "Rey Sol".  El cree que es el dueño del edificio, el único que tiene la razón, el único dueño de la verdad y que sus interpretaciones del Reglamento Interno están por encima del Tribunal Constitucional y hasta del Papa. Lo cierto es que no es más que un gran, pero gran cojudo.

El estilo de Míster Burns ha sido el mismo desde que llegué a este edificio. Como buen encantador de serpientes, tiene la costumbre de enamorar y engatusar a los conserjes con propinas y prebendas, a fin de que le brinden información. Míster Burns sabe absolutamente todo, de todos los que residimos en el edificio: A qué hora salimos, a qué hora llegamos, qué día hacemos las compras, quién nos visita, a qué hora paseamos a nuestras mascotas, quién pidió delivery, etc.


Y claro, lo que sucede es que Míster Burns utilizaría parte de su departamento como oficina, con trabajadores, lo cual no está permitido y, además, le carga el recibo de luz a su empresa, lo cual es evasión o elusión de impuestos, entonces, necesita del silencio de los conserjes para no reportar en su Libro de Ocurrencias el ingreso y salida de algunas personas. Si la empresa administradora que elige la Junta de Propietarios por mayoría no es de su agrado, le hará la guerra hasta el fin.

Y mientras las cosas se iban poniendo más complicadas en nuestro edificio, en el cual se iban definiendo dos bandos, el de los buenos y los malos, más, por supuesto, el de los que no se involucran en nada pero critican todo, mi esposa fue denunciada por la Pili Quispe Huamán-Huapaya por "Discriminación e Incitación a la Discriminación" (denunciada archivada); volví a recibir una carta notarial de la loca para que "cese inmediatamente de proferir insultos contra mi persona: se abstenga de imputarme conductas tipificadas como delito y deje de atribuirme conductas que afectan mi reputación, honorabilidad y buen nombre"...

Como si no fuera suficiente, entre los meses de setiembre y octubre, recibí otras notificaciones del Ministerio Público en la que archivaban unas denuncias que me hicieron la Pili Quispe Huamán-Huapaya y su "chauffeur" James, por "Violencia contra las Mujeres y los Integrantes del Grupo Familiar" y otra por "Violación de la Intimidad". Mi esposa también fue denunciada por "Violación de la Intimidad", tema que también fue archivado.

Es decir, estos personajes tan raros, tan acomplejados y aburridos, se pasan la vida en comisarías haciendo denuncias estúpidas y sin sentido, sin pensar que el Ministerio Público tiene una espantosa escasez de recursos y una gran carga procesal seguramente más importante.

¡Dios mío! ¿En qué mundo vivimos?

Mención aparte es el tema de los correos electrónicos: Mientras a la Pili Quispe Huamán-Huapaya le escribe sus correos algún tinterillo del jirón Azángaro, porque la verdad es que la reina de la yuca es incapaz de hilvanar dos frases con términos legales. Su hermana Mili es mantequilla, solo es buena para carruselear la plata de los propietarios para pagar sus cuentas personales. En todo caso sus correos los escribe su hermana Pili Quispe Huamán-Huapaya y los firma (electrónicamente) la madre, quien es la supuesta propietaria. Lo que yo creo es que la madre no pasa de la huella digital...

Los correos de la loca son los más impresionantes y los que más espero porque me hacen reír mucho, aunque la tengo en mi lista de Spam, Ella seguramente sufre de ansiedad, de depresión, de trastorno de la conducta, de trastorno por déficit de atención e hiperactividad, de trastorno obsesivo-compulsivo y de trastorno por estrés postraumático. Pero adoro que escriba de manera tan apasionada, diciendo lo que le sale de los ovarios y de sus hemorroides, insultando y ofendiendo a las personas. Ella no tiene filtro y escribe lo que se le sale de los forros. Lamentablemente, en este proceder, es que demuestra su grado de locura. Alguna vez le envié un correo recomendándole algunas instituciones para los problemas mentales, pero, evidentemente, lo ignoró.

Míster Burns, en cambio, es tal vez más astuto, nunca diría más inteligente, porque no lo es. El responde a los correos en los que se le alude a él o a su grupete, más o menos entre siete y diez días después, siempre en horas tardías. Los responde de manera educada, como si fueran una encíclica, afirmando su posición de único intérprete de la ley, pero siempre clavando la puñalada por la espalda. Siempre hace sus comentarios a algún otro correo en letras azules. La demora en responder no sé si se trata por su galopante Alzheimer, por su poca capacidad lectora o porque busca asesoría legal antes de escribir.

Pues resulta que Míster Burns, la loca, Pili Quispe Huamán-Huapaya y la hermanita Mili Quispe Huamán-Huapaya, se juntaron y se rebelaron contra todo el edificio, contra el resto de los propietarios. Hace seis meses aproximadamente, ellos decidieron no pagar las cuotas de mantenimiento porque no estaban de acuerdo con la Junta Directiva que había sido elegida, porque tampoco estaban de acuerdo con la empresa administradora que elegimos y no sé por qué otros motivos. Lo cierto es que si las cosas no son como a ellos les gusta, patean el tablero.

De acuerdo con el Reglamento Interno, estos parias han sido declarados "inhábiles", lo que significa que pierden el derecho a recibir servicios no esenciales y de no poder votar en las asambleas. Servicios no esenciales son por ejemplo el uso de los intercomunicadores y el apoyo de conserjería, aunque podría extenderme con muchos servicios más, como son el uso de ascensores, la disminución del flujo de agua, utilización del cuarto de residuos y un gran etcétera.

Míster Burns, la loca, Pili Quispe Huamán-Huapaya y la hermanita Mili, por supuesto con el liderazgo del titiritero Míster Burns, son tan sinvergüenzas, tan porquerías, que encima reclaman por la suspensión de servicios y hasta recurren a abogados, dicen que gastando miles de soles, para hacer respetar sus derechos.

¡Qué tal ostra por Dios! Estos deudores, morosos, inhábiles, pretenden que el resto de los propietarios paguemos por los servicios que ellos se niegan a pagar.

En fin, no sé en qué terminará esta historia. Yo ya no voy a hacer nada por este edificio. Por un lado, me harté de las demandas fiscales infundadas y archivadas, y de las mentiras, patrañas e insultos que propaga este grupo de enfermos en cada uno de sus correos. Por otro lado, me cansé también de la inacción del otro grupo de los propietarios que dice "hay que hacer una asamblea de propietarios", "hay que, "hay que" pero nadie da el primer paso para hacer nada. Que se encarguen los que nunca han participado.

Mientras tanto quedo a la espera de que a Míster Burns lo saquen del edificio con las patas por delante, a la loca se la lleven en camisa de fuerza a un manicomio y que a las hermanitas Pili y Mili Quispe Huamán-Huapaya les caiga la SUNAT y les embarguen todo.

(*) New Peru