15 de marzo de 2026

¡Gracias a la vida! Mi testimonio

 



I. LA ENFERMEDAD

El 2025, año en el que cumplí 65, definitivamente no fue el mejor año para mí, ni para mi Rous. En el mes de abril tuvimos que dormir a Waype, una de nuestras dos mascotas, ya viejito y enfermo; poco tiempo después, empecé yo con dolores en la espalda por una columna maltratada, además de una polineuropatía en las piernas que me impidió caminar por algunas semanas y que hoy lo hago con alguna pequeña dificultad.

A mediados del mes de octubre, Nena, mi querida nonagenaria suegra, quien vivía con nosotros desde hace dos años, se puso malita. Cuando llegó, le habilitamos un baño especial con todas las seguridades del caso. Al ponerse más malita hubo que habilitarte, una cama clínica, enfermera 12 horas al día y visitas de un médico amigo casi diarias. Finalmente Nena partió el 21 de diciembre en paz y sin dolor. Me parte el alma el no haberla podido acompañar ni a ella ni a mi Rous en el velorio y el entierro, por lo que comenté antes y que también me impedía mantenerme de pie por más de dos o tres minutos.

Hacia fines de ese mes empecé a sentir dificultad para respirar y fatiga y cada día era peor. Ducharme, secarme y vestirme me causaban una fatiga como si hubiera corrido una maratón. Se lo comenté a Carlos, mi fisioterapeuta, quien me sugirió pedirle al médico de mi suegra que me ausculte el tórax en alguna de sus visitas. Esa misma tarde Andrés me auscultó y me dijo que mi pulmón izquierdo "no sonaba" y que al día siguiente debía a ir a Emergencia pidiendo una tomografía.

No se si más obediente que asustado, al día siguiente, 2 de noviembre, estuvimos en la clínica, entrando por Emergencia. Me hicieron la tomografía respectiva y cuando salió el médico encargado del área me indicó que hasta ahí llegaba su responsabilidad como Emergencia, que había llamado al médico especialista y que lo más probable era que debía quedarme internado.

Después de unas horas interminables, considerando que era domingo, llegó el médico especialista, un oncólogo, ¡PLOP, primera alerta!, quien después de ver mis imágenes me dijo que debía quedarme internado unos días en Cuidados Intermedios para que puedan hacerme más exámenes.

Después de haber llegado a la clínica pasadas las 9 AM, poco antes de las 6 PM fui instalado en Cuidados Intermedios sin ropa, solo con una batita y un pañal "por si acaso". Desconectado del mundo, sin TV, sin teléfono, sin tablet, sin nada de nada y con dos visitas al día de una hora, que por supuesto eran de mi Rous querida y un par de buenos amigos envarados por ahí. Estaba en un box bastante cómodo, mi vista era hacia el counter de las enfermeras y por suerte tenía un reloj al frente cuyo minutero se demoraba una eternidad en avanzar.

Como a las 11 PM llegó el médico especialista en cirugía de tórax que debía colocarme el dren en el pulmón para poder expulsar el líquido que tenía acumulado. Fue un procedimiento sencillo. En esos días internado eliminé más de tres litros de líquido, equivalentes a tres kilos de peso. ¿Dónde estaba ese peso? ¿Por qué nunca sentí algún desbalance de peso en el cuerpo? El bendito dren lo tuve colocado durante casi 20 días porque seguía eliminando un mínimo de líquido,

Realmente fueron cincos días de retiro espiritual, de reflexión sobre mil cosas, sobre el cáncer, sobre la vida, sobre mi infancia, la relación con mis padres, mi familia, cosas que hice mal y que hubiera podido hacer mejor, la parte profesional, los amigos, los buenos y malos momentos y en fin tantas cosas que me pasaban por la cabeza en los momentos en que no dormía, porque en una clínica, cuando uno está internado, no existen los horarios: Tomografías, resonancias o Rx a las 11 PM o similar, muestras de sangre a las 5 AM, baño a las 6 AM, en fin.

A estas alturas y con toda la experiencia vivida, ya no somos ingenuos, yo ya sabía lo que tenía. El viernes, que ya estaba en cuarto, como a las 10 PM, mientras veía el partido entre la "U" vs Ayacucho FC, con la celebración del tricampeonato, se apareció Carlos Farfán, mi oncólogo a cargo, con quien desde el primer día sentí mucha confianza.

Las "visitas de médico" son tal como dicen, de un minuto o menos, pero esta vez le pedí que jale el sillón y se siente para conversar, lo cual hizo con muy buena disposición. Le pregunté, "Carlos, ¿es cáncer?" Y me respondió que sí, lo cual yo ya sabía. Le pregunté "¿En qué estadio?" Y me dijo que estadio 4. Le pregunté "¿hay metástasis"? Y me dijo que sí, pero solamente en la zona del pulmón y la pleura. Después tuve que hacerme otras pruebas más exhaustivas para saber si el cáncer se había extendido a otros órganos y efectivamente, se había extendido a la columna vertebral. Le pregunté ¿Tiempo de vida? Y no me lo pudo precisar, ¿5 meses, 5 años, 15 años? Lo cierto es que nadie, solo Dios, podría dar una precisión de ese tipo. Por último le pregunté por el tratamiento y me dijo que habían varias alternativas como pastillas, inmunoterapia, quimioterapia, radioterapia, cirugía o una combinación de ellos y que eso dependía de lo que determine el equipo de médicos, ya con todos los resultados de los exámenes.

Me dieron el alta en la Clínica Internacional, 5 estrellas realmente y después de muchas consultas y recomendaciones, decidimos pasar el caso a Oncosalud, que tiene equipos mucho más especializados para el tema de cáncer, seguro que vengo pagando desde hace alrededor de 40 años.

II. EL TRATAMIENTO

Las primeras interacciones con el personal de Oncosalud definitivamente no fueron buenas, en vez de que fuera tratado como un cliente, como una persona enferma, sentí que fui tratado como un número, cero empatía. Esto nos sucedió con el personal administrativo y con un primer médico oncólogo cuyo nombre prefiero no recordar que abría mi caso y nos hacía preguntas en términos médicos que uno no tiene por qué entender en una situación de alto estrés y pidiendo copias de pruebas con nombres ininteligibles que me habían hecho en la Clínica Internacional.

Y me preguntaba yo, siendo Oncosalud un seguro caro, ¿no podrían ellos tener personal administrativo que se encargue de recabar todas estas pruebas con las clínicas bajo un acuerdo? ¿Por qué encargárselos al enfermo o a sus familiares?

Felizmente después de esa primera mala impresión todo empezó a funcionar, seguramente gracias a la ayuda de un muy buen amigo de la infancia y toda la vida que tengo en Auna, mi ángel de la guarda, un doctor que estoy seguro prefiere que no mencione su nombre. A mi Rous querida, mi manager en este caso, una santa mujer, le asignaron a una ejecutiva que por lo que siempre escuché es A1. Recuerdo que yo solo le decía, "no te pelees con ella". Además, pudimos conseguir al oncólogo que se hiciera cargo de mi caso que nos habían recomendado.

Y después de una primera reunión con el doctor Luis Mas, empezó otra odisea de citas médicas: Análisis de sangre, PET, otra biopsia, Reumatología, Neurología, Cuidados Paliativos, Nutrición y otros. Recuerdo haberle comentado a mi buen amigo Pepe Pardo renegando acerca de todos estos exámenes e idas y venidas a las clínicas y me tapó la boca diciéndome que yo era un afortunado al poder hacerme todas esas pruebas. Y tenía toda la razón.

Al momento en que venía escribiendo esta parte de mi testimonio, a la espera de muchos resultados, que determinarán el tratamiento a seguir, no me siento bien, siento que soy un cuerpo enfermo, que empeora de poquito en poquito, que no acompaña a una mente, que se siente al 100%. Me fatigo con mucha facilidad, lavarme los dientes me cansa, caminar desde el ascensor que da al estacionamiento hasta el auto cuando tengo que ir a la clínica para algún examen es como si fuera una maratón de 10K. Es decir, muy poca carrocería para tanto motor.

Lo que antes ayudaba en mi casa en tareas del hogar, porque no soy un rey, ya no lo puedo hacer. Entregar y recibir a Ignacio para sus paseos matutinos de 6:30 AM a 7:30 AM, sacarlo a pasear en las tardes, darle de comer mañana y tarde mientras estuviera en casa; abrir y cerrar la mampara del balcón en las mañanas y en la noches y otros, ya no los puedo hacer porque me cuesta mucho agacharme y eso me produce muchas frustración porque estoy cargando a mi Rous con toda esta chamba y eso no es justo.

Y me duele porque Rous perdió a su madre y yo no pude ser capaz de darle el consuelo o apoyo necesario.

Felizmente se vino a Lima por unos días Ana Paula, la hija de Rous, que está haciendo su maestría en Madrid y tomó la decisión, la cual aceptamos felices, de que se quede con nosotros esos días que realmente, fueron muy felices.

En esos días de retiro en Cuidados Intermedios, pensaba, que desde el año 2004 vengo contribuyendo a una organización llamada World Community Grid (www.worldcommunitygrid.org/), a la cual le dono prácticamente el 98% del uso de CPU de las diversas laptop que he tenido, 24x24, 7x7, para ayudar a hacer investigaciones para combatir el cáncer y otras enfermedades. En 2016 empecé a colaborar mensualmente con la Liga contra el Cáncer, que tan bien preside mi amigo Fito Dammert. Y desde el 2023 vengo contribuyendo con Magia, esa maravillosa asociación de voluntarias por los niños con cáncer.

Y no dejo de preguntarme, ¿Qué pasó, cuál es la justicia de Dios? ¿Por qué a mi?

Hacia fines de noviembre, me llamó mi Rous querida, avisándome de que el almuerzo estaba servido. Si bien he perdido el apetito —he perdido entre 8 y 10 kilos en el último año—, pero no les recomiendo esta dieta, el momento del almuerzo siempre es el rato de unión y de compartir. Me levanté de manera brusca de mi escritorio y cual cabeza de pollo, me desmayé, cayendo al piso, en alfombra por suerte, rompiendo el vaso que llevaba en la mano y golpeándome el cráneo contra no se qué. No es la primera vez que me pasa, pero según me explican los médicos, levantarse de manera brusca —cuidado abuelos que juegan con los nietos en el piso— puede producir, no recuerdo si una subida o bajada de presión, que puede generar un desvanecimiento, tan solo de segundos. El chichón me duró varios días.

Mientras tanto y al momento de escribir, sigo a la espera de resultados y que son cultivos que toman su tiempo porque se llevan a otros países, antes de que los médicos determinen un tratamiento a seguir. Son días difíciles por la incertidumbre y porque nadie, ni ChatGPT, me ha respondido a la pregunta que me tortura todas las noches a pesar de los dos clonazepanes que me han recetado. ¿Cuánto tiempo de vida me queda?

Afortunadamente tengo mi cable a tierra que es mi psicólogo, Óscar Ugarriza, a quien veo casi semanalmente desde hace más de un año, sea de manera presencial o virtual y me da las tranquilidades que necesito. El es una ayuda invalorable en mi vida. Hace un tiempo me envió un mensaje por WhatsApp:

“La imaginación es la mitad de la enfermedad".
“La tranquilidad es la mitad del remedio".
"Y la paciencia es el comienzo de la cura“.
(Abu Ali ibn Sina 980-1037 médico y filósofo persa)

A lo que le respondí, "la imaginación la pongo yo ante la incertidumbre, la tranquilidad me la das tu y la paciencia es lo que queda".

Días después, finalmente, y con menos de 24 horas de anticipación, durante el sepelio de mi suegra, le avisaron a Rous que mi primera sesión de quimioterapia más inmunoterapia sería al día siguiente, el 23 de diciembre a las 11 AM. De eso nos enteramos el mismo 23 porque nadie está revisando las decenas de WhatsApp en el sepelio de su madre. ¿Oncosalud podría agendar con un poco más de anticipación verdad?

Y por suerte llegamos a tiempo a la clínica, poco antes de la hora indicada. Me habían dicho que sería una sesión larga, así que llevé mi tablet y un libro.

Esa primera sesión duró alrededor de seis horas, muy tranquila y sin ninguna molestia. Leí muy poco y traté de dormir lo más posible para que las horas pasen más rápido. Mi Rous se quedó acompañándome todo ese tiempo. A las 6 PM ya estábamos de regreso en casa y afortunadamente no sentí ningún efecto secundario por la quimio con inmunoterapia, a pesar de todas las advertencias que nos hicieron. Por el contrario, los días siguientes me sentí revitalizado. Entendía que en las próximas sesiones, con más químicos y medicinas, los efectos secundarios sí se van a sentir, pero íbamos un día a la vez.

Y semanalmente tuve mis sesiones de quimio más inmunoterapia, unas más largas que otras, sin casi sentir efectos secundarios, salvo, a veces, unos problemas estomacales. Recuerdo que entre la tercera y cuarta sesión me fui a recortar el pelo y ¡Oh sorpresa!, este dejó de crecer, aunque en mi caso eso no era grave porque hacia tiempo que yo ya andaba pelado. Y tampoco me crece la barba.

Entre la quinta y sexta sesión me programaron una intervención quirúrgica para implantarme un catéter en el pecho, lo que facilitaría las quimios, evitando que tuvieran que ponerme una vía cada vez, como venía ocurriendo. Algo así como una tapita de gasolina. El procedimiento fue sencillo, aunque se realiza en quirófano y con sedación total.

Luego de esa sexta quimio me sentía tan bien que decidí subir un cambio y poner el pie en el acelerador: El lunes un desayuno de trabajo, el martes un almuerzo con mi grupo Ecuménicos con unas 50 personas, el miércoles un almuerzo más pequeño con mis buenos amigos del frontón y el jueves quimio. Una locura porque nunca había sentido tanto agotamiento.

El viernes, al día siguiente de mi quimio, tuve mi cita semanal con Óscar, mi psicólogo, quien obviamente me dijo que baje un cambio y el pie del acelerador. El sábado hablé por teléfono con otro buen amigo, Alejandro, que también había pasado por un tema de cáncer y me comentó que uno debe reforzarse para las quimios, días antes, porque estas te debilitan. Mensajes recibidos.

Los días siguientes fueron fatales, no sé si producto de esa semana tan agitada, lo cierto es que volvió la falta de aire, la sensación de asfixia y la fatiga. Dejé de pasear al perro, dejé la bicicleta estacionaria y solo salí una vez a Wong, lo cual fue un craso error. Un día antes de la 7ma quimio pensé "Parece que estás perdiendo la batalla".

Resulta, es mi teoría, que me había dado tos, le consulté a mi oncólogo en una cita de rutina la semana anterior, pensando que dicha tos podía estar relacionada al problema del pulmón y los bronquios y me dijo que no y simplemente me recetó un jarabe que debía tomar tres veces al día durante veinte días.

Recogí los tres frascos de la farmacia y esa misma noche tomé la primera cucharada y así hasta acabar el primero. Curiosamente toda mi recaída, malestares y asfixias coincidían con el bendito jarabe y cuando quise abrir el segundo vi una indicación que decía algo así como "no recomendable para personas con problemas respiratorios o posibles problemas respiratorios". Y suspendí el jarabe y santo remedio. Me comuniqué con mi buen oncólogo para comentarle pero se me hizo el loco. Gajes del oficio, nada grave...

A los pocos días tuve mi 7ma quimio, larga, como de 5 o 6 horas y salí repotenciado, revitalizado, como si las necesitara. Lo que si he aprendido es a medirme: Menos salidas, menos almuerzos en la calle y menos comida, menos visitas, lo cual me obliga a veces a decir "no", pero no queda otra. Recuerdo una frase que me dijo el primer oncólogo que me vio en la Clínica Internacional y me dijo que a partir de ahora, en ese momento, "era yo, yo y yo".

Pasaron la 8va y 9na quimio, con lo cual terminaba el 3er ciclo de 4, e igual, sin casi efectos secundarios, salvo debilidad, fatiga y que empecé a tener desvanecimientos casi diarios, casi siempre hacia el mediodía y casi siempre al levantarme de la silla de mi escritorio.

Como cada fin de ciclo me tocó hacerme análisis y visita a mi oncólogo, quien vio en los resultados que mi hemoglobina estaba por el piso (en 8 cuando el rango debe estar entre 14 y 17,5) y que esa era la causa de mi debilidad y desvanecimientos. Su indicación fue parar las quimios hasta recuperar mis niveles. 

Al día siguiente estuve con la doctora hematóloga, quien lo primero que me dijo al ver mis resultados fue "Te mandaría a Emergencias ahorita para que te hagan una transfusión de sangre", lo cual no era posible porque mi tipo de sangre es A-, un tipo de sangre difícil de conseguir, por lo que quedamos en un Plan B, una dieta con alto contenido de hierro (menestras, espinacas, brócoli, hígado, sangrecita, etc.), unas inyecciones de hierro para aplicarme durante 20 días y unas vacunas semanales durante cuatro semanas.

Recuerdo que de regreso a casa pensaba dentro de mi ¿para qué tanta cosa? ¿de qué sirve tanta pastilla, cada quimio, cada vacuna, cada inyección, cada viaje a la clínica si cada día me siento peor?

Esa semana, a raíz de mis fatigas y entre citas médicas y otros, cancelé mi asistencia a tres almuerzos y me disculpé a un cuarto. Lo único sagrado que quedó en mi agenda fue la cita con Óscar, mi psicólogo.



III. GRACIAS A LA VIDA

Gracias a la Vida es la canción que escribió, compuso e interpretó la cantautora folclórica chilena Violeta Parra. En mi memoria y en mi corazón guardo, sin embargo, la interpretación que hacía la argentina Mercedes Sosa, una hermosa versión.



Cuando uno repasa su vida se mezclan muchas cosas. Edades, lugares, situaciones, colegio, universidad, trabajo, matrimonios, amigos, viajes, playas, familia, familias políticas, qué hiciste bien, qué hiciste mal, qué pudiste hacer mejor y tanto más, que resulta difícil poder estructurarlo, y no hay forma de hacerlo, pero trataré.

Lo primero que se me viene a la mente es mi Rous, mi esposa maravillosa, una santa en verdad, incondicional al 100%, a pesar de lo pesado, exigente y antipático que puedo ser yo. Y a pesar de los otros rollos que ella ha venido viviendo. Sabes Reina que te amo y que te amaré por siempre.

Luego se me vienen a la mente esos grandes y maravillosos amigos y familiares, al tanto o no de mi enfermedad. Mencionar todos sus nombres sería imposible porque son muchos, pero ellos saben quiénes son y que los tengo en mi corazón. Que se comunican conmigo, que me escriben, que me llaman, que como el buen Teddy, hasta me trae lentejas preparadas por el; otros que me ofrecen sus oraciones y hasta misas de salud y que quieren visitarme; si no es diario, es semanalmente. Gracias a todos ustedes.

Pienso mucho en mi padre, un hombre bueno, fuerte, recio, duro, que nunca se quejó de nada, al que nunca vi a ir a un chequeo médico, salvo tal vez hace mil años donde el doctor Ricardo Cheesman.  La esposa de mi padre, "mi madre", lamentablemente nunca lo animó a hacerse chequeos porque los suyos eran más importantes. Ella era la reina de las hipocondriacas. Hasta que el nos confesó que sentía una gran fatiga. Sacaba a pasear a su mascota, un Schnauzer insoportable y llegaba a la casa completamente agotado y se sentaba en el sofá para recuperar el aire. No nos dábamos cuenta porque ya no vivíamos en la casa familiar, hasta que nos los comentó.

Entre su hija, "mi hermana" y yo lo llevamos a hacer diferentes exámenes y el diagnóstico fue cáncer al pulmón con metástasis en los huesos. Lamentablemente el cáncer ya estaba muy avanzado y no había tratamiento posible, solo quedaba hacerle cuidados paliativos. Mi papá falleció cuatro meses después, en el 2004, los meses que más disfruté y que unido pude estar a él.

Curiosamente hemos tenido un diagnóstico muy parecido, pero la ciencia ha avanzado y yo tengo la oportunidad de seguir un tratamiento. Ojalá, tal vez.

¿Por estos días me pregunto si tuve una vida plena o una vida feliz? Y la respuesta es sí, sin duda. Y no lo menciono por mi infancia, por la época de colegio en La Recoleta, por mi interminable época universitaria, por mis 32 años en IBM, los dos super exitosos años en CA Technologies y desde el 2017 con mi gran amigo José Vidal en SAGROS, en un negocio de servicios muy difícil pero sumamente gratificante.

Es por todos los amigos que logré en la vida que yo creo firmemente es el mayor asset que uno pueda atesorar. Mi amiga y además pariente lejana, Inés Temple, diría, "tu red de contactos", pero para mi es algo mucho, mucho más fuerte que eso, es "tu red de amigos".

Considerando un cáncer al pulmón en estadio 4, que es muy grave, a veces me pongo a pensar si 65 años de vida fueron suficientes para mi y egoístamente podría decir que sí. He vivido, he gozado, he comido, he viajado, he sufrido también, pero en general he tenido una vida feliz y podría decir, ya estuvo bueno.

Pero ¿y todo lo que dejaría? ¿Y todo lo que estoy dejando pendiente? Comenzando por mi querida Rous, ¿Qué derecho tendría yo para dejarla sola?

¿Dónde quedarían mis deseos no cumplidos? Quisiera publicar hasta tres libros con las recopilaciones de los cientos de artículos que he escrito, de política, de ventas y de experiencias personales, lo cual sin duda significa un gran esfuerzo. ¿Dónde quedaría mi deseo de llevar a Rous a Paris en un viaje de 10 a 15 días, solo Paris. Claro ella quisiera Capadocia, pero ese es su deseo, no el mío. Antes había sido Bora Bora y se lo cumplí gracias a un premio que gané. Me encantaría dedicarme a la labor social y al voluntariado pero de manera activa, no tanto económica, pero me muero de miedo porque me afecta mucho ver la pobreza o la enfermedad. Hay tantos libros que tengo por leer...

Y como estos sueños mayores, estoy seguro de tener decenas de sueños menores, de esos que uno ni se acuerda.

Llego a la conclusión de que vivir más o menos años no es lo importante, lo importante es vivirlos con intensidad, disfrutarlos y agradecer cada día que se vive.


IV. EPÍLOGO

Siento temor de empezar a escribir esta última parte porque no tengo idea de cómo terminará. Lo cierto es que ese ánimo que tenía va bajando cuando uno enfrenta a la realidad y la realidad es que después de cuatro meses desde que fui diagnosticado, parece que hubiera vuelto a fojas cero. He bajado 10 kg en el último año, soy hueso y pellejo debido a la pérdida de músculo y me cuesta caminar. Si bien sentí mejora en las primeras semanas de tratamiento, nuevamente siento que me agito y me fatigo muy rápidamente; la sensación de no tener aire para respirar es espantosa y tengo una tos que ya parece crónica, pero claro, estoy funcionando con un solo pulmón. Hay muchas actividades que ya no puedo hacer y necesito pedir ayuda.

Empecé mi tratamiento el 23 de diciembre, ya pasé 9 de 12 quimios, hoy interrumpidas por el problema de la hemoglobina y me pregunto, ¿he mejorado algo en todo este tiempo? La respuesta lamentablemente es no, aunque algunos amigos optimistas me digan que se me ve muy bien, o mejor.

Mi Rous, que es una profunda creyente y practicante, me dijo hace poco que invitaría a su amigo el padre Armando Chico a la casa para que converse conmigo, lo cual acepté gustoso porque además de apreciarlo mucho, en ocasiones hemos tenido charlas muy interesantes acerca del rol de la Iglesia, la parte política y otros.

Vino Armando, Rous nos dejó solos y lo primero que hizo fue regalarme una estatuilla de la Virgen de Lourdes, pues él había estado por allá hacía poco, un denario y un frasco lleno de pensamientos positivos. Durante nuestra charla me enteré que el también estaba pasando o saliendo de un tema de cáncer, así que pudimos intercambiar nuestras experiencias.

La gran sorpresa fue que Armando me hizo un paquete 3x1 y me confesó, me dio la comunión y me dio la unción de los enfermos. Ese día realmente me sentí reconfortado.

El lunes 2 de marzo, repitiendo la historia del 2 de noviembre, volví a la clínica por Emergencia y por el mismo motivo; Insuficiencia Respiratoria, Quedé internado. ¿Qué pasó en esos cuatro meses de exámenes y tratamiento?

Pues resulta que uno de los efectos secundarios de mi tratamiento podía ser la caída en las defensas y eso pasó conmigo y fue la razón de mis fiebres, de mi falta de oxígeno, de la debilidad general, Cuatro días después de estar internado fui llevado a UCI por seis días debido a que había cogido anemia y una neumonía.

En el interín me hicieron dos transfusiones de sangre y siendo mi tipo uno de los más difíciles de encontrar, Factor Rh-A, había que reponerla al Banco de Sangre. Mi agradecimiento eterno para mi sobrino Juan Pablo Calderón, para Camila Pérez, una amiga de mi sobrina Andrea Echeandía y de Luis Podbrscek. Y de todas las personas amigas o descocidas que ofrecieron su donación de sangre.

En esos días en UCI, mucho oxígeno, análisis de sangre y placas del pecho diarias, entre otros mil cuidados dado por un excelente cuerpo de enfermeros y enfermeras, al que califico 10 sobre 10. Ya recuperados los niveles de defensas mínimo, superada la neumonía y habiendo recuperado los niveles de oxígeno, pude regresar a cuarto.

La diferencia entre estar en piso o en UCI no es muy grande. En piso los cuartos son más grandes, con más comodidades; en UCI uno está más cableado y enchufado, literalmente, a muchas más máquinas y monitores.

Bajé a piso con un dolencia nueva; mi mano izquierda había perdido control y de hecho en este momento escribo solo con el brazo derecho, Una vez le comentamos este hecho al médico ordenó una tomografía inmediata, Lamentablemente el resultado de la tomografía arrojó un tumor en el cerebro, lo cual se conoce como Metástasis.

El panorama pasó de gris a negro en cuestión de segundos. Esa noche hubo mucho estrés y lágrimas tanto de parte de mi Rous en casa, como mías aquí.

Al día siguiente, ayer, empecé a aligerar, un término que usaba con mi psicólogo cuando hablábamos de soltar cosas Y empezamos por firmar ante Notario, la esposa de Coco Salazar, mi gran amigo de toda la vida, un "poder universal" (generalmente referido como poder amplio o general) que es un documento notarial que faculta a una persona para actuar en nombre de otra en casi todos sus asuntos legales y administrativos, incluyendo la compra/venta de bienes y operaciones bancarias. Su amplio alcance conlleva altos riesgos, por lo que se recomienda otorgarlo solo a personas de máxima confianza.

Al final de la tarde fue la resonancia magnética del cerebro y finalmente mi cita con mi cable a tierra, mi psicólogo Óscar Ugarriza.

¿Cuál será el final de esta historia? No importa, lo que importa es lo siguiente:

Vivir un día la vez y agradecerlo