25 de noviembre de 2013

Cuando me tocó bailar en el Miss Universo que se hizo en Lima...

Eran mediados del año 1982, todavía tenía 21 años. En noviembre del año anterior había entrado a trabajar a IBM y por supuesto era un chupetín que trabajaba en turnos rotativos en el Centro de Cómputo: 7 AM a 3 PM, 3 PM a 11 PM u 11 PM a 7 AM. Acabábamos de participar en nuestro último mundial de fútbol con un equipazo con el que no tuvimos suerte y Perú sería la sede del Miss Universo de ese año y eso era lo que se venía.

Yo ni idea de lo de Miss Universo...

Hasta que me llamó mi gran amigo José, compañero de colegio, vecino que vivía al frente de mis casa y además con grandes historias y aventuras compartidas. El era miembro del Grupo Jueves, que se dedicaba a difundir la música y el baile del Perú. Yo solo los aplaudía y por ahí tocaba las cucharas.

El Grupo Jueves había sido designado por la organización de Miss Universo para hacer de "chalanes", o acompañantes de las misses durante este concurso, dejando de lado lo que era tradicional en otros concursos, los cadetes de la Marina de Guerra del Perú.

La cosa es que para el concurso necesitaban "altos", que no sobraban en el Grupo Jueves, por lo que tuvieron que recurrir a los amigos... ¡Encima nos iban pagar por participar en un Miss Universo! Y así, del grupo de José, fuimos reclutados Franck y yo. Había un gordito, pero fue dejado de lado, pero claro, fue la organización Miss Universo quién tomó la decisión.

Los ensayos me parece que comenzaron dos semanas antes de las fechas finales del concurso, ya con las misses en Perú. Eran todos los días desde las 5 PM hasta poco más de las 11 PM.


Los primeros días el grupo de chalanes estábamos solos, pues las misses andaban por provincias haciendo su parte del programa. En el Coliseo Amauta, lugar que se designó para el evento, había una gringa de la organización que nos enseñaba las coreografías. ¡Qué difícil por Dios! Al comienzo me mostraba super descoordinado, igual que al resto del grupo por supuesto y además nada nos hacía sentido. Nos hacían dar vueltas en el sitio, ¡Up and down!, salir del escenario, subir escaleras y bajar escaleras para volver al escenario y vueltas y ¡Up and down! y sonrían, nunca dejen de sonreir porque todos estamos felices.

Terminábamos agotados...

Un día llegamos a ensayar y las misses ya estaban en el Amauta. No lo podíamos creer, nos faltaban ojos, "Mira a la que está sentada ahí en la grada", "Chequea a la de polo blanco por allá que está buenaza y se le transparentan las chichis", "No, no mejor a la rubia que está al costado del piano", eran frases que todos seguramente decíamos ya que aún no las conocíamos de nombre o por nacionalidad.

Y empezamos a ensayar con ellas y ahora todos los movimientos empezaban a tomar sentido y eran unas coreografías que se veían complejas. La dificultad era que ahora estaban ellas, las 77 chicas más lindas del mundo y eso nos estresaba mucho: Si teníamos que tomarlas de la mano de todas maneras esta iba a estar sudando, si teníamos que hacer un movimiento coordinado con seguridad nos equivocábamos, pero ahí seguíamos dándole, sonriéndonos y tratando de hablar con la Miss con la que pudiéramos.

Los descansos en los ensayos, aunque escasos, eran los mejores momentos. Al comienzo tuvimos problemas con las famosas "chaperonas", grupo de seguridad de élite conformado por señoras "bien" de Lima, que en verdad impedían que nos acerquemos a las misses. A los dos días sin embargo, las chaperonas se dieron cuenta de que nosotros éramos buenos muchachos y aflojaron la guardia... Ellas supieron que si a una miss se le bajaba el top, yo se lo iba a poner en su sitio.

Recuerdo a Miss República Dominicana que me parecía linda y siempre la buscaba para el ensayo pero por alguna casualidad siempre me tocaba con Miss México. Recuerdo a Miss Guam, una oriental chiquitita pero que era pura felicidad y que decían que se había desaparecido un día para irse al Callao a recibir a su novio que llegaba en barco. Me acuerdo también de Miss España, lindísima y mejor persona, que me contaba de las durísimas condiciones del contrato de Miss Universo, casi de explotación y que si una quisiera renunciar a la organización era prácticamente imposible. Si no me equivoco la pobre se dobló el tobillo bajando las gradas del Amauta antes de la fecha final y no pudo aparecer en el show principal. Y estaba también nuestra Miss Perú, Francesca Zaza, hoy casada con el Gerente de Recursos Humanos de un antiguo cliente.

Eran dos los shows que se pasarían por televisión, uno de Panamericana Televisión, me parece que solo a nivel nacional y que manejaba sus propios técnicos, bien simplones en verdad, y el otro el de la CBS, que se vería a nivel mundial y que llegó con su equipo dotado de la tecnología más impresionante que uno hubiera podido ver en esa época.

Se acercaba el día final y ya se había generado una gran confianza entre las chicas y nosotros. Eso sí, nada de salidas, terminaban los ensayos y ellas al hotel, nosotros a nuestras casas.

Dos días antes llegó José Luis Rodriguez, El Puma, quien cantaría el numerito romántico para las misses mientras el jurado deliberaba. Había que ensayar en el escenario y el trajo su cassette y fui yo el seleccionado que tenía que fungir de él, moviéndome entre las doce finalistas mientras se calculaban los tiempos y movimientos. Agotador en verdad. Para los que no lo sepan, créanme, El Puma, ese tremendo galán de novela venezolana, es un chato que no debe llegar al metro setenta porque yo lo miraba bien de arriba para abajo...

Llegó el gran día de la final y todos estábamos emocionados y nerviosísimos. Bien vestidos de chalanes, con pantalón blanco, camisa blanca, su poncho blanco de lino, fajín y pañuelo rojo y sin sombrero. Todos puntualitos.

Y empezamos a ver a todos esos personajes: Bob Barker y Joan Van Ark, guapisisísima ella, que conducían el programa. El era el conductor histórico de Miss Universo, ella una actriz que habíamos visto en capítulos de Dallas, Hawaii Five-0, Kojak, Days of Our Lives, M*A*S*H, y más adelante en The Nanny, Nip/Tuck y nuevamente en Dallas.


Entre los jueces habían personajes como David Copperfield, Ira von Fürstemberg, Don Kingman, Franco Nero, Mario Vargas Llosa y nuestra gran Gladys Zender. Yo no podía creer estar tan cerca de todas estas celebridades.

Y los organizadores no reúnen y nos piden ir al túnel del Amauta porque llegaba Irene Saez, venezolana, Miss Universo 1981, quien entregaba la corona a la nueva Reina.

Nos alinearon a los casi veinte chalanes en una fila, como si fuéramos una guardia militar y vimos llegando su Mercedes que se iba deteniendo poco a poco, hasta que se detuvo con la puerta trasera exactamente delante mío. Me acerqué, abrí la puerta, ofrecí mi mano a Miss Universo, la ayudé a salir y cerré la puerta...

¡Puta madre dejé a la chaperona que debía salir después, dentro del auto!

Pasó este episodio, comenzó el show, todas las cámaras, todos estos personajes, todas estas misses que finalmente estaban arregladísimas y bailamos, y actuamos y creo que todo salió bien.

En este video que encontré en YouTube está la apertura del show, y si me quieren ver, estoy exactamente en el minuto 5:06 a 5:07, recuerden que con pelo.



El concurso avanzaba, todo iba bien, nosotros solo mirábamos pero en muy buena ubicación. Se había llegado a las cinco finalistas y nos llaman. Nada de esto estaba ensayado o en el libreto... Cinco finalistas, nos escogen a los cinco más altos y yo moscaza me pongo primero en la fila para recibir a la nueva Miss Universo...

Y por supuesto... Quinto Puesto, Miss USA y el pelotudo que estaba primero en la fila fue a recibirla... Por moscaza, debí ponerme en el último lugar de la fila...

En este video podrán verme, siempre con pelo, en el momento en que me llevo a la Miss USA en el minuto 0:47.


Y se acabó el concurso y ganó la canadiense Karen Baldwin, por quien nadie daba nada y nunca había sido mencionada como candidata a Miss Universo. Creo que recién me fijé en ella cuando estaba entre las cinco finalistas.



La que quedó segunda fue la simpática chinita de Guam...

Estábamos agotados pero muy contentos porque todo había salido muy bien y ¡Gran sorpresa!, la organización nos invitó a una recepción que se hacía en el Hotel Bolívar con todas las misses.

Lo cierto es que todos nos miramos muy ilusionados, respiramos hondo... Y nos fuimos a dormir a nuestras casas por el cansancio y el estrés. Finalmente nuestros contratos no eran tan draconianos como el de las misses.

Una experiencia única y privilegiada que nunca olvidaré...

Finalmente me tocaba cobrar mis US$ 150 a Panamericana Televisión, pero, como dijo alguna vez el mayor broadcaster del Perú, las deudas recientes no hay que pagarlas y las antiguas, prescriben...

19 de noviembre de 2013

Durmiendo en la Bajada de Armendariz

Tenía 17 años, estaba en 5to de Secundaria y estudiaba en la Academia Trener, preparándome para ingresar a la Universidad de Lima. En esa época eran pocos los colegios mixtos, como el Carmelitas, así que la academia fue mi primera experiencia de departir diariamente con chicas.

Yo era muy tímido y los primeros días no me fueron fáciles: Prestarle atención a los profesores, Gianfranco Brero entre ellos, me era muy difícil cuando tenía alrededor a lindas chicas del Villa María, San Silvestre y Reina de los Ángeles que revolvían mis hormonas adolescentes. En mi salón compartía carpeta con José Luis, un muy buen pata de mi colegio y hasta ahora. El era muy bueno en matemáticas, yo era muy bueno en letras, así que en los exámenes salíamos bien librados.

Una vez en la academia, que si no me equivoco iba de 5 PM a 8 PM, los fines de semana cambiaron y las posibilidades de fiestas y reuniones se multiplicaron, simplemente porque había extendido mi círculo: Más colegios, más amigos. Cuando terminábamos la semana, nunca faltaba alguien de este nuevo gran círculo que llevara un tronchito con el que empezábamos la noche después de clases.

En nuestro salón éramos de varios colegios. A mi me gustaba una chica del Villa María, que cada semana peleaba y amistaba con el enamorado. Había otra chica del San Silvestre que me parecía interesante, inteligente, con la que conversaba un montón y que tal vez me gustaba también. Y estaba Natalia, una chica del Reina de los Angeles, rubia de ojos verdes, que se sentaba en la carpeta de adelante, que no hablaba con nadie y que me parecía medio rara. Seguramente hoy le dirían "freak".

Un día estaba en el balcón del colegio donde funcionaba la Trener en Miraflores, en un break entre clase y clase, fumando un cigarro y Natalia se me acercó y me preguntó: "¿Quieres ir a mi fiesta de Prom?" Y yo, que en en verdad ya había tenido algunas pre-pre-proms, pre-proms y hasta una prom con una chica mayor que yo a la que quiero mucho, le respondí de la peor forma, sobradazo, "Ya bueno".

No sé cómo pasó: Me seguían gustando la chica del Villa María y la del San Silvestre, pero terminé estando con Natalia, del Reina de los Ángeles. Yo vivía en Miraflores, no tenía auto y ella vivía en Camacho. Por suerte su mejor amiga, Milene, que vivía cerca a su casa, tenía a su enamorado Ramón que vivía en Miraflores también y tenía un Toyota 1800, entonces me jalaba hasta allá y salíamos juntos.

La verdad es que no me acuerdo de la prom del Reina de los Ángeles con Natalia, a la que con seguridad tengo que haber ido junto con Milene y Ramón; de lo que sí me acuerdo perfectamente es de mi prom. Yo por supuesto fui con Natalia y mi amigo José Luis con la hermana de Natalia, dos años menor que ella, por lo que fuimos juntos a la casa de ellas con las tradicionales orquídeas. Estuvimos un rato en la casa con los papás, champancito, tostaditas con paté y los mensajes de siempre: "Chicos, pórtense bien, no tomen, no regresen tarde, no, no, no...". Partimos a la casa de Alejandro en La Molina donde era la fiesta en el Hillman celeste de la mamá de José Luis y ya allá la estábamos pasando muy bien. La fiesta iba armándose, todos estábamos con ganas de divertirnos y de bailar toda la noche, cuando en eso, alrededor de la 1 AM, ¡Oh sorpresa!, llegó la tetuda de la mamá de Natalia y Cristina para recogerlas y nos cagó la fiesta... Inolvidable mi prom.

El incidente pasó pero, ¿Qué hacíamos los fines de semana cualquiera? No me acuerdo mucho, pero a los 17 uno no tiene ingresos y nuestros papás no nos regalaban la plata tampoco, así que ¿cine? ¿fiesta en casa de amigos? ¿reunión en su casa? ¿vueltas en el auto por Lima?

Vueltas en el auto, recuerdo alguna vez que estando con Ramón y Milene, Natalia, sentada atrás conmigo, prendió un tronchito y ¡Plop!, se bajó el top que tenía puesto y yo no sabía que hacer. Y la verdad es que no hice nada: Ví que las tenías chiquititas, que los del asiento de adelante no se habían dado cuenta y le subí el top sin tocar nada...

Dependiendo de la situación, antes de recoger o después de dejar a las enamoradas en sus casas, pasábamos por el Gato Pardo en la Av. Pardo, La Cárcel al lado del mercado de Surquillo y recuerdo otro en la calle Enrique Palacios en Miraflores. Comprábamos los tragos preparados. En Perú, en esa época, no teníamos libre importación, los licores nacionales eran de muy mala calidad y salía más a cuenta comprar los tragos tipo vodka sour ya preparaditos: Veneno a la vena.

Y de vez en cuando, después de dejar a las chicas en sus casas, bajábamos a El Tiburón, en La Costa Verde, exactamente al costado de lo que hoy es el Restaurante Costa Verde.

¿Qué era El Tiburón? Pues nada más que un conocido chupódromo al que llegábamos los que teníamos ganas de seguir divirtiéndonos, tomar unos tragos más y bailar salsa con chicas que no eran de Miraflores, San Isidro, Surco o La Molina y que tenían muchas ganas de bailar pegado. Entiendo que el El Tiburón fue el negocio que proporcionó el capital para apuntalar al que después fuera el famoso Restaurante Costa Verde de los ochenta y los noventa.

Y yendo al título de este relato, una noche de sábado, salí de la casa de mis papás diciéndoles que me iba al cine y regresaba. No recuerdo si fuimos al cine, pero después de haber dejado a Natalia y a Milene en sus casas, bajamos con Ramón a El Tiburón...

Ramón era el del auto, así que era importante estar siempre comunicados visualmente, ya que en esa época no existían teléfonos celulares... En la barra compramos nuestros tragos, seguramente un "Quita Calzón", un cocktail de color rojo probablemente hecho con ron, jugos y granadina.

Y uno se transforma, y se convierte en un león, en un tigre, en el macho en busca de su presa...

Vi a la chica, rica y apretadita seguramente, y bailamos y bailamos un buen rato, cada vez más cariñosos, hasta que le dije para ir a conversar a la orilla del mar.

Compré un par de tragos más y nos fuimos a la orilla del mar para charlar, con la música atrás, los dos sentaditos en arena húmeda, ni seca ni mojada. Seguramente en arrumacos...

Lo cierto es que no recuerdo si la besé, si la toqué, si agarré o nada. Ni sé como se llamaba... Lo que si me acuerdo es que en algún momento reaccioné y recordé, supongo yo que como a las 4 AM, que le había dicho a mis papás que esa noche me iba al cine y regresaba a la casa, y cual resorte, salí disparado a buscar a Ramón, dejando a la chica en la orilla.

Angustiado, al no encontrar a Ramón, quien seguramente se había ido a su casa hacía horas, decidí trepar "La Bajada de Armendariz" a pata. Total, yo vivía a tres cuadras de ahí y estaba muy cerca de mi casa, donde todavía vive mi madre. Creía conocer ese camino por lo que comencé a subir por la vereda y en algún momento encontré una trocha por la cual podía cortar camino. Tomé esa trocha y empecé a subir en medio de la maleza hasta que me doblé el tobillo...

Tres horas después abrí los ojos y mi primer pensamiento fue: "Ese no es el techo de mi cuarto". ¡Carajo!, me había quedado dormido o privado en el cerro en medio de la maleza... Vi que tenía mi reloj y que tenía mi billetera y llaves por lo que al menos tuve la tranquilidad de que no me habían robado...

Me levanté y sentí un dolor en el tobillo y fue ahí que comencé a reconstruir la historia de qué diablos hacía ahí. Iba caminando a mi casa pensando que mi papá me iba a sacar la mierda pero ni modo, no tenía ninguna excusa.

Llegué a mi casa, abrí la puerta y sigilosamente me fui a mi cuarto y me metí a la cama. Normalmente yo dormía con la puerta abierta. Resulta que mi papá se había levantado unos momentos antes y no me había visto en mi cuarto. Luego se levantó mi hermana quien si me vió dumiendo en mi cama...

Pobre mi papá, quedó como un loco porque no me vió y mi hermana si me vió y efectivamente, yo estaba en mi cama. Lo que había pasado es que yo entré a mi cuarto después de que mi papá bajó a la cocina y antes de que mi hermana pase por ahí.

Finalmente me salvé y no pasó nada...

Han pasado muchísimos años: De la loca de Natalia nunca supe nada más, las chicas del Villa María y San Silvestre son mis amigas en Facebook aunque no las veo hace mucho tiempo. José Luis sigue siendo uno de mis mejores amigos y su hija trabaja conmigo... Y a Ramón me lo he encontrado de vez en cuando, pero hace tiempo que no se nada de el.

15 de noviembre de 2013

Cuídense y eviten a los policías porque son malos, corruptos y ladrones...

La Policía Nacional del Perú, junto con el Poder Judicial y el Congreso Nacional de la Republica, son probablemente las instituciones con mayor índice de desaprobación en todas las encuestas que se hacen.

Mi interacción con los policías generalmente comienza en las mañanas, alrededor de las 6:45 AM en que mientras tomo un café, leo el periódico y encuentro noticias como " No es broma: delincuentes roban equipaje de bus con 50 policías a bordo" o "El Perú es el país con mayor percepción de inseguridad en Latinoamérica", o "Seis altos mandos de la PNP fueron relevados por resguardo a operador de Montesinos" o "Pucalá: desconocidos causaron destrozos en un juzgado local" o "Trujillo: transportistas pagan cifras millonarias a extorsionadores" o "Un policía ebrio ocasionó un accidente de tránsito en San Martín de Porres" o "Machu Picchu: turistas denuncian que policías dormían pese a turno en comisaría" o "Áncash: roban 220 mil soles de cajero del Banco de la Nación a una cuadra de la comisaría" o "Policía en aparente estado de ebriedad causó accidente y habría amenazado a testigos", entre otros...

Hacia las 7:30 AM, si es que voy a mi oficina, me encuentro con el primer policía, gordo él y con pinta de inútil, ayudando a cruzar la avenida Santa Cruz a todos los papás y mamás del colegio María Reina que llegaron tarde: Sus amiguitos. No importa si parquearon mal, no importa si obstruyen el tránsito, él está ahí para servir...


Mi siguiente interacción es con las policías que se encuentran en el semáforo de Aramburú con Paseo de la República. Yo no entiendo para que ponen policías si ya tenemos semáforos, pero en todo caso, a veces es una, que no sabe qué hacer, a veces son dos, que no coordinan y a veces son tres, que se la pasan hablando por teléfono entre ellas sin tener idea de la situación del tránsito. Ni siquiera tienen idea del Reglamento de Tránsito y de cuál es el rol de la Policía.

Ocasionalmente, pero cada vez más seguido, me toca al gordo de la moto, ese que en plena Vía Expresa, hacia las 7:45 AM paraliza el tránsito en una VIA EXPRESA. No lo sé, pero seguramente para que algún personaje, funcionario público, congresista, ministro o fulano tipo López Meneses pueda transitar libremente, perjudicando a todos los ciudadanos y contribuyentes. Cada vez que paso delante de este gordo, en la salida a Javier Prado, me provoca bajar el vidrio y mandarlo a la CDSM pero hasta ahora no me he atrevido, o mi psicoterapeuta está haciendo su chamba.



De ahí sigue el óvalo Monitor, en la Universidad de Lima, donde cada día es una historia diferente, dependiendo de la incapaz que nos toque. Un día, a la misma hora, pasas en cinco minutos, otro día pasas en quince minutos. 

Los siguienten policías está en el colegio La Recoleta o el colegio Da Vinci, en la Av. Golf Los Incas: Ellos, bien huachafos, usan guante blanco para paralizar el tránsito y además han puesto un rompemuelles...

Almuerzo y ceno en la calle con frecuencia y qué maravilla, qué tal seguridad, cada vez que salgo de un restaurante, casi siempre, encuentro un patrullero... ¿Para asistirme o para sacarme plata?

En la noche, ya en mi casa, viendo los noticieros, se repite la misma historia...

Lo cierto es que nuestra policía está podrida, comenzando por las más altas autoridades, hasta el último pinche que solo entiende que la corrupción es el único medio para crecer.

Si yo hubiera tenido hijos, uno de los consejos que les hubiera dado con mucha pena es "Cuídense y eviten a los policías porque son malos, corruptos y ladrones".

¿En quién confiamos?