7 de julio de 2014

Mujeres, ¿Por qué tienen que hablar tanto?

Hace pocas semanas fui a un Café cercano a mi casa como a las seis de la tarde para comer un sandwich,   ya que no había tenido tiempo de almorzar. Como casi siempre que voy a comer solo, llevé una revista para leer y entretenerme.

En la zona en la que me ubiqué solo había una mesa ocupada por una mujer que, tranquilamente, tomaba un Capuccino mientras revisaba su smartphone. Se escuchaba una música de fondo muy agradable.

Pedí un Club Sandwich, porque me moría de hambre y empecé a leer mi revista... No pasaron ni cinco minutos y entraron tres mujeres. Yo no entendí muy bien la situación pero una de ellas saludó y se sentó junto a la que tomaba el Capuccino y las otras dos se sentaron en la mesa de al lado, sin embargo parecía que las cuatro se conocían ya que de cuando en cuando hablaban de mesa a mesa.

Empecé a comer mi sandwich mientras leía mi revista y disfrutaba la música. A lo lejos se escuchaba el ruido del tráfico de esa hora...

Llegaron dos señoras más. Ahora sí, ya no tenía duda que las dos mesas eran el mismo grupo. Las señoras eran todas alborotadas, hablaban y se carcajeaban en voz alta, mientras la tranquilidad del sitio, la música de fondo y el ruido de los autos se iban apagando. Ya ni siquiera podía concentrarme en mi lectura.

Finalmente llegaron las dos últimas tías... El alboroto era tal que yo ya no disfrutaba mi sandwich, ya no escuchaba la música de fondo, ya no escuchaba el ruido de la calle y ya había cerrado mi revista porque no era posible leer. Me estaba alterando.

Y no me quedó más que escuchar las conversaciones de estas mujeres mientras a duras penas tragaba mi sandwich.

Eran ocho brujas en dos mesas de cuatro, cuatro de las cuales aún no se habían sentado y que discutían de cómo juntarse: "Juntemos las dos mesas y nos quedamos aquí". "Vamos a la mesa del fondo que es grande". "Vamos al otro ambiente porque hay mucha bulla". "La música está muy fuerte y no nos deja hablar"...

No soporté quedarme hasta el final, pero lo que estas mujeres nunca entendieron es que la bulla y el ruido insoportable lo producían ellas: Un lugar tranquilo, con buena música, se convirtió en un corral de pavos simple y llanamente porque ocho mujeres decidieron hablar todas al mismo tiempo, alborotadísimas. Cada una de ellas decidió que su historia era la más importante, que debía escucharse primero y por lo tanto, cada una de ellas debía gritar más para dejarse escuchar...


Me quedé pensando en lo ocurrido y decidí investigar en Internet acerca del comportamiento de las mujeres. Lo primero que encontré es que las mujeres hablan mucho más que los hombres, al menos eso es lo que aseguran científicos de la Universidad de Maryland en Baltimore (Estados Unidos), que aseguraron en un informe que los hombres producen unas 7 mil palabras al día, muy lejos de las 20 mil de las mujeres, es decir, ¡13 mil menos! La clave de todo estaría, según revela el estudio publicado por la revista Journal of Neuroscience, en una proteína llamada FOXP2 o "proteína del lenguaje", que se encuentra en altos niveles en el cerebro femenino y sería la responsable de que las mujeres sean tan buenas para conversar.

Hace algunos días, de la misma manera, regresé al mismo Café, más o menos a la misma hora y fue lo mismo. En una mesa había una mujer sola, no me acuerdo si tomaba o comía algo. Yo me senté en una mesa cercana y pedí mi sandwich para comer mientras leía la revista que había llevado. Todo tranquilo, música suave...

Al rato llegó la primera amiga. Ya estábamos en el mes de julio pero llevaba un vestidito sin mangas, como si estuviéramos en pleno verano, pero en fin, era ella la desubicaba que se estaría cagando de frío. Tenía voz de pito y todo el local tenía que escuchar cualquiera de sus comentarios.

Y al poco rato, puta madre, llego la segunda amiga: Grandota, de voz gruesa y sobretodo, muy habladora.

Resulta que las tres niñas se habían conocido en un tour por las islas griegas y habían quedado en juntarse para comentar su viaje e intercambiar regalitos, cada cual más significativo que el otro, salvo por una de ellas que no llevó nada. La verdad es que los regalitos eran unas cojudecitas que seguramente tendrían mucho significado y mucho sentimiento.

Al igual que la vez anterior, apuré mi sandwich, pagué mi cuenta y me fui molesto. Molesto porque cuando voy a algún sitio espero un poco de respeto al vecino.

E invariablemente, me puse a investigar, esta vez acerca del timbre de voz de las mujeres...

Encontré que según un estudio realizado por la Universidad de Sheffield, los hombres no escuchan a las mujeres por que su voz simplemente resulta "insoportable".  Dice el estudio del profesor Michael Hunter que la mujer emite un rango de frecuencias de sonido más complejo que las del hombre, debido a la diferencia en el tamaño y forma de las cuerdas vocales, así como de la laringe. Y que ese tono "chillón" que tienen muchas mujeres al hablar, las hacen francamente insoportables, al punto de agotar el cerebro masculino".

El estudio de Hunter concluyó que el hombre no es capaz de escuchar por mucho tiempo la voz de una mujer debido a una razón fisiológica y que por lo tanto, tampoco es capaz de retener la atención en lo que dice una mujer durante una conversación muy larga.

Hasta aquí el estudio podría parecer impecable, sin embargo no lo es. Las mujeres (a excepción de las gringas que, quén lo duda, sí chillan por naturaleza) hablan de manera adecuada siempre, salvo cuando se juntan entre tres o más amigas:  Es acá cuando pierden el control, cuando todas empiezan a hablar al mismo tiempo y cuando todas creen que tienen la mejor historia que contar y tienen que contarla primero.  

Entonces chicas, hagan un esfuercito, si nos quieren hablar sean más breves y concisas, y si están en grupo, bájenle "dos o tres rayitas" a su tono. El mundo es un lugar libre y ustedes tienen derecho a ser tan insoportables como quieran, pero respetando el derecho a la tranquilidad de los demás...

Si llegaron a leer hasta aquí, quiero que sepan que no soy sexista y que creo que los hombres, cuando estamos entre amigos, sin duda en grupos mayores a tres, muy seguramente con unos tragos de por medio, nos comportamos peor que las mujeres, aunque sin chillar como ellas.

Finalmente, mi consejo para los hombres: No se les ocurra ir al Café Café del Óvalo Gutiérrez a eso de las seis de la tarde...