Esta semana me convertiré en adulto mayor. Tengo clarísimo que cumplir los 60 años no es cumplir por segunda vez los 30. Y recuerdo muy bien la celebración de esos primeros 30. Cumplir los 40 y 50 no fueron significativos, aunque si fui consciente que estaba dando vuelta a la esquina, es decir, comenzando la segunda mitad de la vida. Estos últimos días, sin embargo, han sido de recordar y reconocer la riqueza de las vivencias del ayer, de lo que estamos viviendo hoy en medio de una pandemia y por qué no, del temor al mañana, porque no sé si será la última década que pueda seguir viviendo de manera intensa y con salud.
En todos estos años he hecho, sin duda, mucho menos de lo que quizás podría haber hecho, pero también bastante más de lo que pensaba que podía hacer cuando tenía 20 años. Llego a los 60 con la convicción de que pude cumplir muchos de mis sueños y que si no lo fueron, aparecieron ahí por la gracia de Dios para hacerme feliz. Pero también sé que hay muchos que quisiera cumplir, otros que siendo realista no podré cumplir y otros que simplemente he deshechado de mi lista, como por ejemplo, visitar las islas griegas. Simplemente ya no me atraen.
Me falta leer muchos libros, sobretodo aquellos que no son de temas profesionales.
Soy medio maniático y algo TOC, pero no creo ser una persona que haya planificado su vida. Las oportunidades aparecieron, algunas las aproveché y otras no. No me queda duda de que no aproveché todas, pero sí unas cuantas. El resto sigue siendo trabajo, curiosidad, interés por las cosas y un poco de organización. Y soy muy consciente de que ya no puedo tener proyectos de largo plazo. En algún momento de mi vida tuve que decidir si especializarme en algo o ser un océano de conocimientos de un centímetro de profundidad. Escogí lo segundo y no me arrepiento, pero nunca sabré si fue la decisión correcta.
Llego a los 60, despertándome cada mañana a la misma hora, así no haya dormido bien por el estrés que me produce la maldita pandemia, confirmando que estoy vivo, que tal vez algo me duele, que tal vez siento náuseas o que tal vez la temperatura me incomoda.
Llego a los 60 sabiendo que los controles médicos son importantes, que soy hipertenso y dislipidémico, siempre controlado, siendo consciente que debo tomar pastillas diariamente y procurar comer sano, aunque nunca haya hecho una dieta. Dejé de fumar en el año 2008 pero sigo disfrutando una Pilsen, un Vodka Tonic, un Cuba Libre o un Etiqueta Negra en la rocas. O varios.
Al cumplir 60 años, me miro al espejo de manera pretenciosa y me veo casi igual que hace 30 o 40, solo que con menos pelo, con un poco más de barriga, casi con el mismo peso, y en estos tiempos de pandemia, tal vez con falta de tonicidad muscular por la ausencia de frontón, mi deporte favorito. Quisiera creer que lo único que pudo cambiar en todos estos años fue el lugar en el que se ubica el espejo.
Sin duda, al llegar a los 60 años es que sé quiénes son mis verdaderos amigos y mi verdadera familia: Aquellos que a pesar de que no los vea, están y siempre han estado ahí. Aquellos con los que hoy, afortunadamente y gracias a la tecnología, puedo compartir vivencias en las redes y a quienes siento y extraño. Tan cercanos como un WhatsApp, un Zoom o una llamada telefónica. Ustedes, algunos de los que me leen, saben quiénes son y cómo los quiero. Y extraño poder darles un abrazo o un beso.
Sí, al cumplir 60 años, me siento con el legítimo poder y la libertad de no disimular frente a los otros y decir lo que pienso, así como de decir "no" cuando considero que es "no". Porque la vida y la experiencia me han dado ese derecho.
Toca ahora apuntar hacia los 70, porque vivir, porque la vida, tal vez es un vicio y no queremos o no podemos salirnos de ella. Y lo haré con mucho optimismo porque muchos de mis mejores amigos están en los 70 y 80 y los veo muy bien. Y porque quedan muchas cosas por hacer, útiles o inútiles, lo importante es que sirvan de algo a alguien.
Finalmente, es llegar a los 60 enamorado y amando a una mujer maravillosa, mi Rous, mi punto de apoyo, mi talismán; la que aguanta todas mis majaderías y defectos pero igual me quiere, iluminando mi vida. Ella es la que hace que mis días puedan ser perfectos, porque los comienzo y los termino siempre a su lado.













