27 de octubre de 2012

La Parada y Tarata

A los limeños nos tienen que pegar de cerca para darnos cuenta de lo que pasa en el pais. Tuvo que pasar lo de Tarata a comienzos de los 90 para ser conscientes de que el terrorismo existía y tuvo que pasar lo de La Parada para darnos cuenta que en el Perú se ha perdido la autoridad.

Hemos tenido Juliacas, Baguas, Moqueguas, Echarates, Congas y decenas de episodios más donde veíamos que las tomas de carreteras, la falta de respeto a la autoridad o la ausencia de autoridad eran el denominador común.

¿Qué diferencia hay entre lo que hizo Gregorio Santos, Presidente Regional de Cajamarca con el tema de Conga y lo que pasó hace dos días en La Parada?

Ninguna, salvo que una fue en Cajamarca y otra en Lima.

En ambos casos se chingaron en la autoridad, que obviamente se ha perdido.

En países un poco más civilizados que el nuestro, basta levantarle la mano a un policía para que este pueda usar su arma contra el agresor. Aquí no pueden usarla porque no la tienen, o porque tienen que pagar las municiones... Y si la usan, aparecerá una maldita ONG, de la cual comen indeseables como Hugo Soberón o Rocío Silva Santisteban, que viven de defender a la ralea, a la escoria y al lúmpen de nuestra sociedad.

Sin embargo, y es importante no olvidarlo, hasta hace tres días, sabíamos que teníamos a la policía más corrupta e inepta que pudiéramos imaginarnos. Después de los lamentables hechos de La Parada, que no tienen perdón, tampoco debemos pensar que las cosas son diferentes: Nuestra policía sigue siendo corrupta e ineficiente y una prueba puede ser el planeamiento del operativo de La Parada.

El Presidente del Poder Judicial, el Doctor César San Martín, exigió a los fiscales a cargo del caso La Parada para que sean estrictos... ¿Por qué tenía que exigir esto? ¿Si no lo hace, nuestros paupérrimos, tristes, baldados mentales e ignorantes jueces les darían una pena leve?

Por otro lado, ¿es justo que a 26 delicuentes (hasta ahora)? a razón de S/. 10 por día en la cárcel, que en un año costarían S/. 94,900 y en 30 años S/. 2'847,000 le quiten la comida o la educación a un montón de niños que si lo necesitan...

Sí, me da pena vivir en este país.