Hace unos días diagnosticaron a mi amada esposa Rose con un tumor en la cadera. Una molestia que sentía ella desde hacía cinco años atrás y que ninguno de los médicos que pudo ver en todo ese tiempo, le acertó en el diagnóstico. Yo tampoco sabía de esta molestia.
Hasta que los dolores se fueron haciendo menos soportables, como venía sucediendo, y más insoportables. Y gracias a la ayuda de médicos muy amigos como el Doctor Raúl Marquina, mi gran compañero de promoción en el colegio, que nos fueron recomendando y orientando, es que llegamos a este diagnóstico final y donde finalmente, no queda más que operar.
Según dijo el doctor, "debería, podría", ser un tumor benigno, pues si sentía la molestia desde hacía tanto tiempo, no hay tumor maligno que espere tanto. ¡Ojalá!
Su operación, si bien no es de urgencia, es riesgosa, y el buen doctor en el que hemos depositado nuestra confianza, un traumatólogo-oncólogo a quien no conocía y de quien tengo buenas referencias, me da tranquilidad porque fue muy claro al mencionarnos los beneficios y riesgos que habían. Bien por él de haber sido tan claro y explícito.
Mientras tanto, ella está aquí, junto a mí, esperando al lunes, sedada porque los dolores son muy fuertes, acompañada cuando se pueda de Nena mi linda suegra, de Mónica nuestra incondicional y hermana de Rose, de Ignacio y de mí.
El martes 13 es su cumpleaños y por razones obvias, tendrá su teléfono apagado...
Sí, estoy preocupado y tengo mucho miedo.