28 de diciembre de 2014

Mi encuentro con Soledad...

Nunca antes había sido tan consciente de ello hasta ahora pero mi encuentro con Soledad se da todos los días, después de que me despedí de los amigos o de los compañeros de trabajo, cuando cierro la puerta del departamento y escucho el "clack-clack" de la cerradura de seguridad.

Es en ese momento en el que se me oprime el alma en el que ella aparece. Es una sombra fiel que me sigue por las cuatro esquinas del departamento, en cada paso que doy, que me acompaña en cada uno de mis pensamientos.

Recién me doy cuenta que hemos dormido juntos tantas veces que ya somos mucho más que amigos. Ella se ha convertido en mi compañera de vida, mi dulce costumbre.

Y porque tengo a Soledad es que nunca estoy solo. Cuando estamos en la cama, le cedo todo el espacio y en las noches nos miramos siempre a los ojos. Ella siempre con su expresión de fidelidad y lealtad, diciéndome con la mirada y atravesándome el alma que nunca me va a dejar; yo siempre con mi mirada de tristeza. Ella con sus dedos largos y fríos acariciándome suavemente el corazón...

¿Hasta dónde llegará la relación con mi cómplice, con mi confidente? ¿Tendré que asumirla para siempre o tendré que reaccionar? Ella me ha enseñado tanto como las lágrimas que he derramado pero, ¿dejar que me absorba hasta perderlo todo?

Y si alguna vez la he traicionado y le he sido infiel porque he preferido el amor de otra mujer, estoy seguro que ella me ha perdonado porque permanece y permanecerá conmigo hasta el último día.

Nunca estaré solo con mi Soledad... Porque el dolor reclama soledad.


Pero Soledad, espero que no te molestes el día que te diga que hoy quiero que sea la última noche contigo...