22 de diciembre de 2011

Navidad, navidad, linda navidad...

Detesto la época de Navidad. Detesto ver a la gente corriendo y de mal humor, detesto el tráfico, detesto la falta de tolerancia que se manifiesta en estos días; detesto los intercambios de regalos entre gente que no se conoce. Detesto el calor y sobretodo, detesto, que todos, o casi todos, tengamos que comprar regalos y reunirnos "en familia" el 24 y el 25 de diciembre. Detesto los cohetes y ver cómo sufren los perros...

Sobretodo detesto a los que venden cohetes, a los que los compran y a los policías y autoridades que permiten su venta...

Me pregunto por qué no puedo dedicarme en esta época, en paz, al menos el 24 y el 25, a agradecer al Niño Jesús por todo lo que nos dio en el año. Me pregunto por qué uno no podría tener el libre albedrío para decidir que el 24 o el 25 de diciembre quisiera agradecer, reflexionar, estar solo para evaluar su año, definiendo qué hizo bien, qué hizo mal, qué faltó, etc. ¿No sería más honesto?