El Presidente
Ollanta Humala es bruto, o tonto, o bruto y tonto. De otra manera no me explico
que habiendo sido autorizado por el Congreso de la República para viajar a Bangkok,
Tailandia y a la reunión de APEC en la isla de Bali en Indonesia, la haya
abandonado luego del primer día de reuniones para viajar a Paris a reunirse con
el Presidente de Francia, François Hollande en una visita ¿no oficial? ¿Informal?
¿El presidente
cree que somos cojudos? ¿El presidente quiere que creamos que esta reunión no
estaba planeada?
¿François
Hollande estaba pendiente del viaje de Ollanta Humala como para pedirle una
reunión en Paris?
Existe una
norma constitucional que exige la autorización del Congreso cada vez que el
Presidente de la República se ausente del país, norma por lo demás ridícula,
anacrónica y que probablemente responde a situaciones del siglo XIX, cuando el
Presidente Mariano Ignacio Prado viajó a Francia y no regresó o regresó demasiado
tarde. Norma ridícula y anacrónica pero que hace felices a nuestros ineptos
congresistas que sienten que tienen el poder al darle permiso al Presidente
para ausentarse del país.
Nuestro
presidente, cachaco él, decidió embarrarse en el Congreso, decidió cagarse en
las normas constitucionales, decidió burlarse de todos los peruanos, decidió
que la reunión de APEC no era importante faltándole el respeto a los otros
presidentes asistentes y se largó a Paris.
No quiero ni
imaginarme el tremendo gasto que se ha hecho entre la utilización del avión
presidencial y los vuelos comerciales. Lo cierto es que habría que ser imbécil
para decidir usar esa carcocha de avión presidencial, con autonomía de vuelo de
seis horas, para llegar a Tailandia. ..
Su payasada,
su pendejada, su criollada, no solo lo dejó mal parado, a él, al Primer
Ministro y a la Canciller Eda Rivas sino que le dio alas a nuestros paupérrimos
y miserables congresistas para que se rasguen las vestiduras y hablen de
vacancias presidenciales, de vergüenzas internacionales, entre otros.
Este error tan
estúpido del Ejecutivo, permite que ahora se envalentonen los congresistas, que
en su mayoría, llegaron gracias al voto preferencial y a su plata. Este error
permite que los “come pollo”, que las “roba cable”, que los que roban el sueldo
de sus empleados, entre otros delincuentes, se sientan importantes, lo cual es
absolutamente ridículo.
