11 de octubre de 2013

Mi Amigo Miguel es un Gordo Bueno…



A Miguel me lo presentaron por allá en el 2005, o tal vez antes, cuando me hice socio del Club La Planicie. Nos fuimos conociendo de a pocos, cada sábado y domingo en que íbamos a jugar frontón y él y yo éramos los primeros en llegar al club: Comentábamos las noticias mientras compartíamos el periódico, tomábamos café y esperábamos a completar cuatro jugadores para empezar a jugar.

Hasta ahí Miguel me parecía un personaje simpático, inteligente, culto y para el caso, un frontonista regular, que además, siempre llegaba temprano.

Casualidades, generalmente los primeros cuatro en llegar al club somos o éramos Miguel, yo, Michifus y Javier (en ese orden), y se creó el “Clásico de La Planicie”: Unas veces ganaban ellos, Miguel y Javier, otras veces ganábamos nosotros, Michifus y yo… Y siempre apostando las cervezas, los ceviches o lo que fuera, pero siempre de comer. A Miguel le encanta apostar exagerando: Cien cervezas, doscientas cervezas, pero nunca lo dejamos.

Con el tiempo comenzaba a darme cuenta de algunas características de mi amigo que lo iban convirtiendo en un tipo de excepción o excéntrico: Para comenzar, usaba colita, su ropa de deportes era muy diferente de la de todos nosotros, que por lo general va entre Nike y Adidas. Él no, el juega con bermudas viejas y polos, varios polos, uno encima de otro, que podrían ser de cuando inauguraron Epcot Center, de pilas Ray-O-Vac, de Pasteurina, de leche Plusa o de cuando Perú fue al mundial de México en 1970 …

Generalmente es el primero en retirarse de las canchas y siempre nos espera en la zona del restaurante del club, a la que llamamos CEALP (Centro de Engorde y Alcoholización de La Planicie), sin pasar por las duchas por supuesto y como cree que es dietético, casi siempre pide una Sprite Zero y un sándwich caprese en pan árabe. Por supuesto la Sprite Zero la mezcla con una Pilsen y el sándwich lo pide con doble queso… Debe quedar claro que después comerá todo lo que vaya apareciendo por la mesa. Eso si, se va temprano porque no le gusta manejar con tragos y eso es muy responsable.

Mi amigo es una persona sumamente tímida. Tan pero tan tímido que cuando se casó Miguel, su hijo mayor, en la iglesia no se atrevió a pararse delante de todos. Cuando se casó su hija, hace unas semanas, ni nos enteramos… Sin embargo con nosotros, sus amigos del frontón, es un hombre extrovertido, feliz, relajado y bromista.

Yo no lo he visto pero me dice que le tiene pánico al tráfico de Lima y que cuando le vienen estos ataques de pánico se baja de su camioneta, la deja donde esté y se toma un taxi o llama para que lo recojan…

Le hemos puesto todas las chapas que uno se pueda imaginar: “Frontongo”, “Manatí con patas”, “Fiona” y no se que tantas más y ninguna le molesta.

Es el tipo más generoso que pueda existir pero al mismo tiempo el terror de muchos a la hora de pagar cuentas ya que siempre las propinas que el determina pueden ser el 50% de la cuenta total. Por supuesto, el nunca carga dinero porque dice que sus hijos se lo quitan y tampoco tiene tarjetas de crédito, entonces uno de nosotros se tiene que hacer cargo de lo suyo. Eso si, jamás ha dejado de pagarnos.

Recuerdo que un día, hace algún tiempo, me preguntó si podía prestarle 300 soles, se los dí y los repartió entre tres mozos que siempre nos atienden.

En nuestro grupo de frontón generalmente nos reunimos una vez al mes para celebrar a los cumpleañeros del mes y lo usual es siempre llevar una o dos botellas de vino, pisco o lo que sea para los agasajados y que finalmente terminamos consumiendo durante la reunión. Miguel jamás ha llevado una botella de nada y no le importa, pero igual lo queremos.

Tiene una familia maravillosa realmente y su esposa y sus cuatro hijos lo adoran… Mónica es una chica linda y encantadora, pero siempre nos preguntamos qué pudo haberle visto a este tipo.

Miguel Jr. y Javier, sus dos hijos mayores, juegan frontón regularmente con nosotros y ya conocemos “sus” reglas: Siempre hará team con uno de sus hijos y jamás jugará contra ellos, porque simplemente no puede. Si uno de sus hijos está jugando en la cancha del costado, sabemos que el demorará el juego, perderá puntos o botará bolas al cerro o donde fuera, todo con tal de verlos jugar, porque los adora, y ellos lo adoran a él también.

Miguel es un tipo muy curioso y es de los que te preguntarán cuánto ganas, cuánto vale tu patrimonio y en qué lo tienes, cuántas veces a la semana tienes sexo y cosas por el estilo.

Mi amigo Miguel es un gordo bueno…