1 de diciembre de 2019

Las Vecinas del 203 y 302




Recuerdo haber llegado al edificio donde vivo actualmente, por ahí a mediados del 2015. Me había separado de mi exesposa, con quien estuve casado durante 22 años, a principios del 2009. Al salir del que fue nuestro departamento me mudé por un mes al Hotel Golf Los Inkas, decidido a no estresarme más por el tema propio de la separación durante las primeras semanas.

Cuando transcurría el primer mes, fui consciente de que no podía permanecer en un hotel de lujo per sécula seculorum, por lo que le le pedí a mi mejor amiga, a la que llamaré Rocío, para proteger su identidad, que me contacte con una corredora, con la que acordé en que la tarde del lunes siguiente veríamos cinco departamentos para alquiler, amoblados, en las zonas de Miraflores y San Isidro y yo elegiría uno. Así de sencillo y práctico.

¿Qué tan amoblados me preguntó? Y yo le respondí que solo llevaría mi cepillo de dientes.

Fue así como esa tarde me junté con Julie y me mostró un primer departamento, un segundo departamento y un tercer departamento, del cual me enamoré. Por cortesía y por compromiso vimos el cuarto y el quinto, pero a mí me había gustado el tercero, ubicado en la esquina de Lord Nelson y Alfredo Salazar, en Miraflores, en el límite con San Isidro. El departamento, además, tenía una palmerita bella de la cual también me enamoré, en la jardinera de la ventana.

Cerramos el tema con Esther, la serísima corredora de Claudia, la linda propietaria y a los pocos días dejaba el hotel rumbo al departamento que alquilaría por unos meses, mientras buscaba alguno para comprar. Recuerdo que, en el trayecto, recién después de haber salido del hotel, a la altura del Jockey Plaza nomás, me llamaban del banco para preguntarme si yo acababa de hacer un desembolso tan grande. Y sí, era el pago por mi mes de engreimientos.

El departamento era lindo, perfecto para una persona. Súper equipado, realmente solo tuve que llevar mi ropa, mis artículos de cuidado personal y poco a poco fui llevando algunos otros objetos personales que había dejado en mi antiguo departamento.

Mi nuevo hogar, un dúplex muy bien diseñado, además venía con su Marthita, la señora maravillosa que me ayudaba con la limpieza dos veces por semana y con la que hasta hoy cuento, cada vez que la necesito, sobre todo en verano.  Y también con el señor Bardales, el Handy Man que hoy me sigue solucionando todos los problemas caseros. 

Pues el departamento y la zona me gustaron tanto que nunca busqué nada y viví feliz ahí por más o menos cinco años. Nunca cociné, nunca cambié el balón de gas y Claudia es testigo de que cuando le devolví el departamento había muchos implementos de cocina que seguían envueltos, tal como ella me los entregó.

Lo que me encantaba de esa zona es que todo se podía hacer caminando, Desde ir al Wong del óvalo Gutiérrez, algunas veces ir por las mañanas a leer los periódicos al Starbucks con un buen café, a veces también almorzar en Danica, Fridays y otros por ahí. Caminando también llegaba a la zona de Dasso donde estaban La Romántica y Delicass, a la Av. La Mar si es que tenía algún antojo especial y me gustaba mucho caminar toda la Av. Conquistadores y regresar por la Av. Libertadores.

A principios del 2015 comencé a salir con Rous (no es Rose), a quien había conocido en una reunión con amigos comunes en el 2009 y veía ocasionalmente en mi oficina por temas de mi AFP. Lo cierto es que ella, que fue mi ejecutiva, cada cierto tiempo me pedía una reunión para mostrarme el estado de mi fondo, los comparativos con otras AFP, números, números, números y todo lo que hacen los ejecutivos que cubren a sus clientes. A mi ella me caía tan bien que la invitaba a tomar un café o almorzar y siempre hablábamos de cualquier cosa menos de sus aburridos números, que por supuesto yo conocía perfectamente porque soy un maniático. Y la pasábamos muy bien.

Si le preguntan a ella, seguramente dirá que antes del 2009 me llamaba todo el tiempo pero que yo no le daba bola o que le tiraba el teléfono, porque no quería hablar con gente de AFPs. Lo cierto, lo real, es que siempre terminamos afiliándonos por un tema de amistad. Finalmente ella logró mi traslado a su AFP.

Tiempo después, yo ya trabajando en otra empresa, me habían asignado la cuenta más importante de todas, esa que todos ustedes saben, esa que todos los vendedores queremos tener, la que maneja bancos, AFP, compañía de seguros y financia a partidos políticos con millones, entre otros muchos negocios más. Obviamente, por un tema profesional, de negocios y de imagen, me volví a trasladar a su AFP, donde tenía y tengo muy buenos amigos y donde sigo estando, muy contento, además.

Regresando a comienzos del 2015, un día me llama mi amiga Rous, proponiéndome para que me traslade a otra AFP en la que la rentabilidad era muchísimo mejor que la que yo tenía en mi AFP actual y por supuesto, de la AFP a la que ella me había trasladado años atrás. 

Yo, de manera muy profesional por supuesto, le comenté que lamentaba no poder trasladarme, pues la AFP en la que me encontraba era parte de mi cliente más importante, el cual finalmente y a la larga pagaba mi salario. Un tema de "loyalty" que tal vez muchos no entiendan. 

Sin embargo, en ese momento, estando los dos solitarios, y con el cariño que le tenía es que le propuse salir a comer el sábado siguiente a Hanzo y ahí comenzó nuestra historia.

Y entonces empezaron las visitas casi diarias al departamento de Rous en Chacarilla, donde vivía con sus dos hijas. Cuando lo recuerdo, casi no lo puedo creer porque yo la iba a visitar más o menos desde las 9 PM, hora en que había un poco menos de tráfico, sobre todo si subía desde Miraflores y me quedaba casi hasta las 2 AM cuando pasaba el camión de la basura, siempre puntual y con el ruido que hacía me recordaba que ya era hora de irse, para levantarme al día siguiente a las 6 AM para ir a trabajar.

Un buen día salí a su balcón, en el 3er piso y vi que habían puesto un aviso de venta en un departamento del 2do piso. Y en el acto decidí que debía comprarlo. En fracción de segundos había analizado la situación: No era razonable pagar un alquiler mensual cuando podía tener algo propio, a pesar de que me encantaba el lugar donde vivía, y nos daba la posibilidad a Rous y a mí, de vivir muy cerca de sus hijas, ya mayores de edad, juntos, pero no revueltos. Once escalones es lo que la separaría de sus hijas y, además, ganábamos dos estacionamientos y un depósito. Mejor imposible.

Contacté a Gerardo, que en paz descanse y a Silvana, los simpáticos propietarios del 202. Conversamos, negociamos, acordamos y en marzo firmamos el contrato de arras.

En abril me comprometí con Rous en Cancún, hicimos los arreglos y las compras necesarias para el nuevo depa y a principios de agosto se mudaba ella al segundo piso y yo a finales del mismo mes.

Pero, craso error, en todo este proceso nunca me preocupé en averiguar acerca de la vecindad y menos aún de las vecinas del 203 y 302. Apunte querido lector, si se va a mudar a un edificio, infórmese bien de quiénes son sus vecinos.

Pues bien, resulta que la señora del 203, a quien llamaré Sandra, es bruja. No "una bruja", porque es una señora -válgame, Dios-, sino bruja, una persona que practica la brujería. Ella, me costó un tiempo entenderlo, colecciona escobas, lo que explicaría que nunca me la he encontrado en el parqueo del edificio y sospecho que ha hecho un pacto con Satán, seguramente renunciando a su fe para rendirle culto al diablo. Con el tiempo me he acostumbrado a escuchar los sonidos guturales y olores como a azufre que provienen de su departamento, próximo al mío, a partir de la medianoche, como si sacrificaran animalitos, muy especialmente cada viernes 13 y 31 de octubre. Lo cierto es que la señora me hace sentir miedo. Recuerdo haberme encontrado alguna vez con ella en el ascensor y tenía una linda bandeja de paja con manzanas, me ofreció una de ellas, pero al ver sus ojos medio desorbitados, decliné su invitación. Luego su cuello dió una vuelta de 360° al igual que Linda Blair en la película El Exorcista. Ella incluso pretende confundir a los vecinos colocando roscas navideñas en la puerta de su departamento ocultando su número maligno.




La vecina del 302 en cambio, a la que llamaré Pilar, no es bruja como la del 203, más bien es una fanática religiosa, probablemente identificada con algún individuo de conducta ciega con una religión en particular, lo que la lleva a provocar actos incomprensibles contra las personas que no piensan como ella. Ella vive con sus dos lindas hijas, engendradas por algún hecho misterioso y una de sus características principales es decir o prometer algo un día y negarlo al día siguiente.



Hace unos días busqué a este personaje en Facebook y lo que encontré es de temer, muy perturbador. Ella solo publica citas bíblicas como, por ejemplo: "El hombre tiene 2 naturalezas: la carnal y la espiritual. La carnal, es donde se encuentra gobernado por sus instintos naturales, pertenece a un mundo impío donde normalmente simpatiza, se mimetiza y se goza, en su mente rechaza los caminos rectos de Dios, confiando en su lugar en sus emociones o en su propio razonamiento. La espiritual, ha sido regenerado y convertido por el Espíritu Santo, así, piensa en todo momento en lo espiritual, conoce, cree y se mueve resistiendo a los deseos sensuales y el dominio del mundo en su vida. Aquí viene la pregunta del millón. ¿Cuál de tus 2 naturalezas crees que tiene que ser fortalecida cada día?"

Por otras personas me he enterado de que ella, además, es vegana y antitaurina, lo cual es muy respetable. El problema es que es una persona absolutamente intolerante. Porque yo puedo ser vegano, pero debo respetar a quienes gustamos de la carne. Y puedo ser antitaurino, pero respetando también a los que amamos La Fiesta Brava. Me cuentan que cuando esta Pilar se encuentra con un no vegano o un amante de las corridas de toros, a ella se le inyectan los ojos de rojo y le aparecen como gotas de sangre en la frente. ¡Qué miedo!

Y sí, son mis vecinitas, los otros 22 propietarios o inquilinos lamentablemente nos las tenemos que bancar. No suman nada, pero les encanta restar. Y es que cuando la brujería, la religión y la santería se juntan, bloquean todo.