Eran mediados del año 1982, todavía tenía 21 años. En noviembre del año anterior había entrado a trabajar a IBM y por supuesto era un chupetín que trabajaba en turnos rotativos en el Centro de Cómputo: 7 AM a 3 PM, 3 PM a 11 PM u 11 PM a 7 AM. Acabábamos de participar en nuestro último mundial de fútbol con un equipazo con el que no tuvimos suerte y Perú sería la sede del Miss Universo de ese año y eso era lo que se venía.
Yo ni idea de lo de Miss Universo...
Hasta que me llamó mi gran amigo José, compañero de colegio, vecino que vivía al frente de mis casa y además con grandes historias y aventuras compartidas. El era miembro del Grupo Jueves, que se dedicaba a difundir la música y el baile del Perú. Yo solo los aplaudía y por ahí tocaba las cucharas.
El Grupo Jueves había sido designado por la organización de Miss Universo para hacer de "chalanes", o acompañantes de las misses durante este concurso, dejando de lado lo que era tradicional en otros concursos, los cadetes de la Marina de Guerra del Perú.
La cosa es que para el concurso necesitaban "altos", que no sobraban en el Grupo Jueves, por lo que tuvieron que recurrir a los amigos... ¡Encima nos iban pagar por participar en un Miss Universo! Y así, del grupo de José, fuimos reclutados Franck y yo. Había un gordito, pero fue dejado de lado, pero claro, fue la organización Miss Universo quién tomó la decisión.
Los ensayos me parece que comenzaron dos semanas antes de las fechas finales del concurso, ya con las misses en Perú. Eran todos los días desde las 5 PM hasta poco más de las 11 PM.
Los primeros días el grupo de chalanes estábamos solos, pues las misses andaban por provincias haciendo su parte del programa. En el Coliseo Amauta, lugar que se designó para el evento, había una gringa de la organización que nos enseñaba las coreografías. ¡Qué difícil por Dios! Al comienzo me mostraba super descoordinado, igual que al resto del grupo por supuesto y además nada nos hacía sentido. Nos hacían dar vueltas en el sitio, ¡Up and down!, salir del escenario, subir escaleras y bajar escaleras para volver al escenario y vueltas y ¡Up and down! y sonrían, nunca dejen de sonreir porque todos estamos felices.
Terminábamos agotados...
Un día llegamos a ensayar y las misses ya estaban en el Amauta. No lo podíamos creer, nos faltaban ojos, "Mira a la que está sentada ahí en la grada", "Chequea a la de polo blanco por allá que está buenaza y se le transparentan las chichis", "No, no mejor a la rubia que está al costado del piano", eran frases que todos seguramente decíamos ya que aún no las conocíamos de nombre o por nacionalidad.
Y empezamos a ensayar con ellas y ahora todos los movimientos empezaban a tomar sentido y eran unas coreografías que se veían complejas. La dificultad era que ahora estaban ellas, las 77 chicas más lindas del mundo y eso nos estresaba mucho: Si teníamos que tomarlas de la mano de todas maneras esta iba a estar sudando, si teníamos que hacer un movimiento coordinado con seguridad nos equivocábamos, pero ahí seguíamos dándole, sonriéndonos y tratando de hablar con la Miss con la que pudiéramos.
Los descansos en los ensayos, aunque escasos, eran los mejores momentos. Al comienzo tuvimos problemas con las famosas "chaperonas", grupo de seguridad de élite conformado por señoras "bien" de Lima, que en verdad impedían que nos acerquemos a las misses. A los dos días sin embargo, las chaperonas se dieron cuenta de que nosotros éramos buenos muchachos y aflojaron la guardia... Ellas supieron que si a una miss se le bajaba el top, yo se lo iba a poner en su sitio.
Recuerdo a Miss República Dominicana que me parecía linda y siempre la buscaba para el ensayo pero por alguna casualidad siempre me tocaba con Miss México. Recuerdo a Miss Guam, una oriental chiquitita pero que era pura felicidad y que decían que se había desaparecido un día para irse al Callao a recibir a su novio que llegaba en barco. Me acuerdo también de Miss España, lindísima y mejor persona, que me contaba de las durísimas condiciones del contrato de Miss Universo, casi de explotación y que si una quisiera renunciar a la organización era prácticamente imposible. Si no me equivoco la pobre se dobló el tobillo bajando las gradas del Amauta antes de la fecha final y no pudo aparecer en el show principal. Y estaba también nuestra Miss Perú, Francesca Zaza, hoy casada con el Gerente de Recursos Humanos de un antiguo cliente.
Eran dos los shows que se pasarían por televisión, uno de Panamericana Televisión, me parece que solo a nivel nacional y que manejaba sus propios técnicos, bien simplones en verdad, y el otro el de la CBS, que se vería a nivel mundial y que llegó con su equipo dotado de la tecnología más impresionante que uno hubiera podido ver en esa época.
Se acercaba el día final y ya se había generado una gran confianza entre las chicas y nosotros. Eso sí, nada de salidas, terminaban los ensayos y ellas al hotel, nosotros a nuestras casas.
Dos días antes llegó José Luis Rodriguez, El Puma, quien cantaría el numerito romántico para las misses mientras el jurado deliberaba. Había que ensayar en el escenario y el trajo su cassette y fui yo el seleccionado que tenía que fungir de él, moviéndome entre las doce finalistas mientras se calculaban los tiempos y movimientos. Agotador en verdad. Para los que no lo sepan, créanme, El Puma, ese tremendo galán de novela venezolana, es un chato que no debe llegar al metro setenta porque yo lo miraba bien de arriba para abajo...
Llegó el gran día de la final y todos estábamos emocionados y nerviosísimos. Bien vestidos de chalanes, con pantalón blanco, camisa blanca, su poncho blanco de lino, fajín y pañuelo rojo y sin sombrero. Todos puntualitos.
Y empezamos a ver a todos esos personajes: Bob Barker y Joan Van Ark, guapisisísima ella, que conducían el programa. El era el conductor histórico de Miss Universo, ella una actriz que habíamos visto en capítulos de Dallas, Hawaii Five-0, Kojak, Days of Our Lives, M*A*S*H, y más adelante en The Nanny, Nip/Tuck y nuevamente en Dallas.
Yo ni idea de lo de Miss Universo...
Hasta que me llamó mi gran amigo José, compañero de colegio, vecino que vivía al frente de mis casa y además con grandes historias y aventuras compartidas. El era miembro del Grupo Jueves, que se dedicaba a difundir la música y el baile del Perú. Yo solo los aplaudía y por ahí tocaba las cucharas.
El Grupo Jueves había sido designado por la organización de Miss Universo para hacer de "chalanes", o acompañantes de las misses durante este concurso, dejando de lado lo que era tradicional en otros concursos, los cadetes de la Marina de Guerra del Perú.
La cosa es que para el concurso necesitaban "altos", que no sobraban en el Grupo Jueves, por lo que tuvieron que recurrir a los amigos... ¡Encima nos iban pagar por participar en un Miss Universo! Y así, del grupo de José, fuimos reclutados Franck y yo. Había un gordito, pero fue dejado de lado, pero claro, fue la organización Miss Universo quién tomó la decisión.
Los ensayos me parece que comenzaron dos semanas antes de las fechas finales del concurso, ya con las misses en Perú. Eran todos los días desde las 5 PM hasta poco más de las 11 PM.
Los primeros días el grupo de chalanes estábamos solos, pues las misses andaban por provincias haciendo su parte del programa. En el Coliseo Amauta, lugar que se designó para el evento, había una gringa de la organización que nos enseñaba las coreografías. ¡Qué difícil por Dios! Al comienzo me mostraba super descoordinado, igual que al resto del grupo por supuesto y además nada nos hacía sentido. Nos hacían dar vueltas en el sitio, ¡Up and down!, salir del escenario, subir escaleras y bajar escaleras para volver al escenario y vueltas y ¡Up and down! y sonrían, nunca dejen de sonreir porque todos estamos felices.
Terminábamos agotados...
Un día llegamos a ensayar y las misses ya estaban en el Amauta. No lo podíamos creer, nos faltaban ojos, "Mira a la que está sentada ahí en la grada", "Chequea a la de polo blanco por allá que está buenaza y se le transparentan las chichis", "No, no mejor a la rubia que está al costado del piano", eran frases que todos seguramente decíamos ya que aún no las conocíamos de nombre o por nacionalidad.
Y empezamos a ensayar con ellas y ahora todos los movimientos empezaban a tomar sentido y eran unas coreografías que se veían complejas. La dificultad era que ahora estaban ellas, las 77 chicas más lindas del mundo y eso nos estresaba mucho: Si teníamos que tomarlas de la mano de todas maneras esta iba a estar sudando, si teníamos que hacer un movimiento coordinado con seguridad nos equivocábamos, pero ahí seguíamos dándole, sonriéndonos y tratando de hablar con la Miss con la que pudiéramos.
Los descansos en los ensayos, aunque escasos, eran los mejores momentos. Al comienzo tuvimos problemas con las famosas "chaperonas", grupo de seguridad de élite conformado por señoras "bien" de Lima, que en verdad impedían que nos acerquemos a las misses. A los dos días sin embargo, las chaperonas se dieron cuenta de que nosotros éramos buenos muchachos y aflojaron la guardia... Ellas supieron que si a una miss se le bajaba el top, yo se lo iba a poner en su sitio.
Recuerdo a Miss República Dominicana que me parecía linda y siempre la buscaba para el ensayo pero por alguna casualidad siempre me tocaba con Miss México. Recuerdo a Miss Guam, una oriental chiquitita pero que era pura felicidad y que decían que se había desaparecido un día para irse al Callao a recibir a su novio que llegaba en barco. Me acuerdo también de Miss España, lindísima y mejor persona, que me contaba de las durísimas condiciones del contrato de Miss Universo, casi de explotación y que si una quisiera renunciar a la organización era prácticamente imposible. Si no me equivoco la pobre se dobló el tobillo bajando las gradas del Amauta antes de la fecha final y no pudo aparecer en el show principal. Y estaba también nuestra Miss Perú, Francesca Zaza, hoy casada con el Gerente de Recursos Humanos de un antiguo cliente.
Eran dos los shows que se pasarían por televisión, uno de Panamericana Televisión, me parece que solo a nivel nacional y que manejaba sus propios técnicos, bien simplones en verdad, y el otro el de la CBS, que se vería a nivel mundial y que llegó con su equipo dotado de la tecnología más impresionante que uno hubiera podido ver en esa época.
Se acercaba el día final y ya se había generado una gran confianza entre las chicas y nosotros. Eso sí, nada de salidas, terminaban los ensayos y ellas al hotel, nosotros a nuestras casas.
Dos días antes llegó José Luis Rodriguez, El Puma, quien cantaría el numerito romántico para las misses mientras el jurado deliberaba. Había que ensayar en el escenario y el trajo su cassette y fui yo el seleccionado que tenía que fungir de él, moviéndome entre las doce finalistas mientras se calculaban los tiempos y movimientos. Agotador en verdad. Para los que no lo sepan, créanme, El Puma, ese tremendo galán de novela venezolana, es un chato que no debe llegar al metro setenta porque yo lo miraba bien de arriba para abajo...
Llegó el gran día de la final y todos estábamos emocionados y nerviosísimos. Bien vestidos de chalanes, con pantalón blanco, camisa blanca, su poncho blanco de lino, fajín y pañuelo rojo y sin sombrero. Todos puntualitos.
Y empezamos a ver a todos esos personajes: Bob Barker y Joan Van Ark, guapisisísima ella, que conducían el programa. El era el conductor histórico de Miss Universo, ella una actriz que habíamos visto en capítulos de Dallas, Hawaii Five-0, Kojak, Days of Our Lives, M*A*S*H, y más adelante en The Nanny, Nip/Tuck y nuevamente en Dallas.
Entre los jueces habían personajes como David Copperfield, Ira von Fürstemberg, Don Kingman, Franco Nero, Mario Vargas Llosa y nuestra gran Gladys Zender. Yo no podía creer estar tan cerca de todas estas celebridades.
Y los organizadores no reúnen y nos piden ir al túnel del Amauta porque llegaba Irene Saez, venezolana, Miss Universo 1981, quien entregaba la corona a la nueva Reina.
Nos alinearon a los casi veinte chalanes en una fila, como si fuéramos una guardia militar y vimos llegando su Mercedes que se iba deteniendo poco a poco, hasta que se detuvo con la puerta trasera exactamente delante mío. Me acerqué, abrí la puerta, ofrecí mi mano a Miss Universo, la ayudé a salir y cerré la puerta...
¡Puta madre dejé a la chaperona que debía salir después, dentro del auto!
Pasó este episodio, comenzó el show, todas las cámaras, todos estos personajes, todas estas misses que finalmente estaban arregladísimas y bailamos, y actuamos y creo que todo salió bien.
En este video que encontré en YouTube está la apertura del show, y si me quieren ver, estoy exactamente en el minuto 5:06 a 5:07, recuerden que con pelo.
El concurso avanzaba, todo iba bien, nosotros solo mirábamos pero en muy buena ubicación. Se había llegado a las cinco finalistas y nos llaman. Nada de esto estaba ensayado o en el libreto... Cinco finalistas, nos escogen a los cinco más altos y yo moscaza me pongo primero en la fila para recibir a la nueva Miss Universo...
Y por supuesto... Quinto Puesto, Miss USA y el pelotudo que estaba primero en la fila fue a recibirla... Por moscaza, debí ponerme en el último lugar de la fila...
En este video podrán verme, siempre con pelo, en el momento en que me llevo a la Miss USA en el minuto 0:47.
Y se acabó el concurso y ganó la canadiense Karen Baldwin, por quien nadie daba nada y nunca había sido mencionada como candidata a Miss Universo. Creo que recién me fijé en ella cuando estaba entre las cinco finalistas.
La que quedó segunda fue la simpática chinita de Guam...
Estábamos agotados pero muy contentos porque todo había salido muy bien y ¡Gran sorpresa!, la organización nos invitó a una recepción que se hacía en el Hotel Bolívar con todas las misses.
Lo cierto es que todos nos miramos muy ilusionados, respiramos hondo... Y nos fuimos a dormir a nuestras casas por el cansancio y el estrés. Finalmente nuestros contratos no eran tan draconianos como el de las misses.
Una experiencia única y privilegiada que nunca olvidaré...
Finalmente me tocaba cobrar mis US$ 150 a Panamericana Televisión, pero, como dijo alguna vez el mayor broadcaster del Perú, las deudas recientes no hay que pagarlas y las antiguas, prescriben...


