19 de noviembre de 2013

Durmiendo en la Bajada de Armendariz

Tenía 17 años, estaba en 5to de Secundaria y estudiaba en la Academia Trener, preparándome para ingresar a la Universidad de Lima. En esa época eran pocos los colegios mixtos, como el Carmelitas, así que la academia fue mi primera experiencia de departir diariamente con chicas.

Yo era muy tímido y los primeros días no me fueron fáciles: Prestarle atención a los profesores, Gianfranco Brero entre ellos, me era muy difícil cuando tenía alrededor a lindas chicas del Villa María, San Silvestre y Reina de los Ángeles que revolvían mis hormonas adolescentes. En mi salón compartía carpeta con José Luis, un muy buen pata de mi colegio y hasta ahora. El era muy bueno en matemáticas, yo era muy bueno en letras, así que en los exámenes salíamos bien librados.

Una vez en la academia, que si no me equivoco iba de 5 PM a 8 PM, los fines de semana cambiaron y las posibilidades de fiestas y reuniones se multiplicaron, simplemente porque había extendido mi círculo: Más colegios, más amigos. Cuando terminábamos la semana, nunca faltaba alguien de este nuevo gran círculo que llevara un tronchito con el que empezábamos la noche después de clases.

En nuestro salón éramos de varios colegios. A mi me gustaba una chica del Villa María, que cada semana peleaba y amistaba con el enamorado. Había otra chica del San Silvestre que me parecía interesante, inteligente, con la que conversaba un montón y que tal vez me gustaba también. Y estaba Natalia, una chica del Reina de los Angeles, rubia de ojos verdes, que se sentaba en la carpeta de adelante, que no hablaba con nadie y que me parecía medio rara. Seguramente hoy le dirían "freak".

Un día estaba en el balcón del colegio donde funcionaba la Trener en Miraflores, en un break entre clase y clase, fumando un cigarro y Natalia se me acercó y me preguntó: "¿Quieres ir a mi fiesta de Prom?" Y yo, que en en verdad ya había tenido algunas pre-pre-proms, pre-proms y hasta una prom con una chica mayor que yo a la que quiero mucho, le respondí de la peor forma, sobradazo, "Ya bueno".

No sé cómo pasó: Me seguían gustando la chica del Villa María y la del San Silvestre, pero terminé estando con Natalia, del Reina de los Ángeles. Yo vivía en Miraflores, no tenía auto y ella vivía en Camacho. Por suerte su mejor amiga, Milene, que vivía cerca a su casa, tenía a su enamorado Ramón que vivía en Miraflores también y tenía un Toyota 1800, entonces me jalaba hasta allá y salíamos juntos.

La verdad es que no me acuerdo de la prom del Reina de los Ángeles con Natalia, a la que con seguridad tengo que haber ido junto con Milene y Ramón; de lo que sí me acuerdo perfectamente es de mi prom. Yo por supuesto fui con Natalia y mi amigo José Luis con la hermana de Natalia, dos años menor que ella, por lo que fuimos juntos a la casa de ellas con las tradicionales orquídeas. Estuvimos un rato en la casa con los papás, champancito, tostaditas con paté y los mensajes de siempre: "Chicos, pórtense bien, no tomen, no regresen tarde, no, no, no...". Partimos a la casa de Alejandro en La Molina donde era la fiesta en el Hillman celeste de la mamá de José Luis y ya allá la estábamos pasando muy bien. La fiesta iba armándose, todos estábamos con ganas de divertirnos y de bailar toda la noche, cuando en eso, alrededor de la 1 AM, ¡Oh sorpresa!, llegó la tetuda de la mamá de Natalia y Cristina para recogerlas y nos cagó la fiesta... Inolvidable mi prom.

El incidente pasó pero, ¿Qué hacíamos los fines de semana cualquiera? No me acuerdo mucho, pero a los 17 uno no tiene ingresos y nuestros papás no nos regalaban la plata tampoco, así que ¿cine? ¿fiesta en casa de amigos? ¿reunión en su casa? ¿vueltas en el auto por Lima?

Vueltas en el auto, recuerdo alguna vez que estando con Ramón y Milene, Natalia, sentada atrás conmigo, prendió un tronchito y ¡Plop!, se bajó el top que tenía puesto y yo no sabía que hacer. Y la verdad es que no hice nada: Ví que las tenías chiquititas, que los del asiento de adelante no se habían dado cuenta y le subí el top sin tocar nada...

Dependiendo de la situación, antes de recoger o después de dejar a las enamoradas en sus casas, pasábamos por el Gato Pardo en la Av. Pardo, La Cárcel al lado del mercado de Surquillo y recuerdo otro en la calle Enrique Palacios en Miraflores. Comprábamos los tragos preparados. En Perú, en esa época, no teníamos libre importación, los licores nacionales eran de muy mala calidad y salía más a cuenta comprar los tragos tipo vodka sour ya preparaditos: Veneno a la vena.

Y de vez en cuando, después de dejar a las chicas en sus casas, bajábamos a El Tiburón, en La Costa Verde, exactamente al costado de lo que hoy es el Restaurante Costa Verde.

¿Qué era El Tiburón? Pues nada más que un conocido chupódromo al que llegábamos los que teníamos ganas de seguir divirtiéndonos, tomar unos tragos más y bailar salsa con chicas que no eran de Miraflores, San Isidro, Surco o La Molina y que tenían muchas ganas de bailar pegado. Entiendo que el El Tiburón fue el negocio que proporcionó el capital para apuntalar al que después fuera el famoso Restaurante Costa Verde de los ochenta y los noventa.

Y yendo al título de este relato, una noche de sábado, salí de la casa de mis papás diciéndoles que me iba al cine y regresaba. No recuerdo si fuimos al cine, pero después de haber dejado a Natalia y a Milene en sus casas, bajamos con Ramón a El Tiburón...

Ramón era el del auto, así que era importante estar siempre comunicados visualmente, ya que en esa época no existían teléfonos celulares... En la barra compramos nuestros tragos, seguramente un "Quita Calzón", un cocktail de color rojo probablemente hecho con ron, jugos y granadina.

Y uno se transforma, y se convierte en un león, en un tigre, en el macho en busca de su presa...

Vi a la chica, rica y apretadita seguramente, y bailamos y bailamos un buen rato, cada vez más cariñosos, hasta que le dije para ir a conversar a la orilla del mar.

Compré un par de tragos más y nos fuimos a la orilla del mar para charlar, con la música atrás, los dos sentaditos en arena húmeda, ni seca ni mojada. Seguramente en arrumacos...

Lo cierto es que no recuerdo si la besé, si la toqué, si agarré o nada. Ni sé como se llamaba... Lo que si me acuerdo es que en algún momento reaccioné y recordé, supongo yo que como a las 4 AM, que le había dicho a mis papás que esa noche me iba al cine y regresaba a la casa, y cual resorte, salí disparado a buscar a Ramón, dejando a la chica en la orilla.

Angustiado, al no encontrar a Ramón, quien seguramente se había ido a su casa hacía horas, decidí trepar "La Bajada de Armendariz" a pata. Total, yo vivía a tres cuadras de ahí y estaba muy cerca de mi casa, donde todavía vive mi madre. Creía conocer ese camino por lo que comencé a subir por la vereda y en algún momento encontré una trocha por la cual podía cortar camino. Tomé esa trocha y empecé a subir en medio de la maleza hasta que me doblé el tobillo...

Tres horas después abrí los ojos y mi primer pensamiento fue: "Ese no es el techo de mi cuarto". ¡Carajo!, me había quedado dormido o privado en el cerro en medio de la maleza... Vi que tenía mi reloj y que tenía mi billetera y llaves por lo que al menos tuve la tranquilidad de que no me habían robado...

Me levanté y sentí un dolor en el tobillo y fue ahí que comencé a reconstruir la historia de qué diablos hacía ahí. Iba caminando a mi casa pensando que mi papá me iba a sacar la mierda pero ni modo, no tenía ninguna excusa.

Llegué a mi casa, abrí la puerta y sigilosamente me fui a mi cuarto y me metí a la cama. Normalmente yo dormía con la puerta abierta. Resulta que mi papá se había levantado unos momentos antes y no me había visto en mi cuarto. Luego se levantó mi hermana quien si me vió dumiendo en mi cama...

Pobre mi papá, quedó como un loco porque no me vió y mi hermana si me vió y efectivamente, yo estaba en mi cama. Lo que había pasado es que yo entré a mi cuarto después de que mi papá bajó a la cocina y antes de que mi hermana pase por ahí.

Finalmente me salvé y no pasó nada...

Han pasado muchísimos años: De la loca de Natalia nunca supe nada más, las chicas del Villa María y San Silvestre son mis amigas en Facebook aunque no las veo hace mucho tiempo. José Luis sigue siendo uno de mis mejores amigos y su hija trabaja conmigo... Y a Ramón me lo he encontrado de vez en cuando, pero hace tiempo que no se nada de el.