La Policía Nacional del Perú, junto con el Poder Judicial y el Congreso Nacional de la Republica, son probablemente las instituciones con mayor índice de desaprobación en todas las encuestas que se hacen.
Mi interacción con los policías generalmente comienza en las mañanas, alrededor de las 6:45 AM en que mientras tomo un café, leo el periódico y encuentro noticias como " No es broma: delincuentes roban equipaje de bus con 50 policías a bordo" o "El Perú es el país con mayor percepción de inseguridad en Latinoamérica", o "Seis altos mandos de la PNP fueron relevados por resguardo a operador de Montesinos" o "Pucalá: desconocidos causaron destrozos en un juzgado local" o "Trujillo: transportistas pagan cifras millonarias a extorsionadores" o "Un policía ebrio ocasionó un accidente de tránsito en San Martín de Porres" o "Machu Picchu: turistas denuncian que policías dormían pese a turno en comisaría" o "Áncash: roban 220 mil soles de cajero del Banco de la Nación a una cuadra de la comisaría" o "Policía en aparente estado de ebriedad causó accidente y habría amenazado a testigos", entre otros...
Hacia las 7:30 AM, si es que voy a mi oficina, me encuentro con el primer policía, gordo él y con pinta de inútil, ayudando a cruzar la avenida Santa Cruz a todos los papás y mamás del colegio María Reina que llegaron tarde: Sus amiguitos. No importa si parquearon mal, no importa si obstruyen el tránsito, él está ahí para servir...
Mi siguiente interacción es con las policías que se encuentran en el semáforo de Aramburú con Paseo de la República. Yo no entiendo para que ponen policías si ya tenemos semáforos, pero en todo caso, a veces es una, que no sabe qué hacer, a veces son dos, que no coordinan y a veces son tres, que se la pasan hablando por teléfono entre ellas sin tener idea de la situación del tránsito. Ni siquiera tienen idea del Reglamento de Tránsito y de cuál es el rol de la Policía.
Ocasionalmente, pero cada vez más seguido, me toca al gordo de la moto, ese que en plena Vía Expresa, hacia las 7:45 AM paraliza el tránsito en una VIA EXPRESA. No lo sé, pero seguramente para que algún personaje, funcionario público, congresista, ministro o fulano tipo López Meneses pueda transitar libremente, perjudicando a todos los ciudadanos y contribuyentes. Cada vez que paso delante de este gordo, en la salida a Javier Prado, me provoca bajar el vidrio y mandarlo a la CDSM pero hasta ahora no me he atrevido, o mi psicoterapeuta está haciendo su chamba.
De ahí sigue el óvalo Monitor, en la Universidad de Lima, donde cada día es una historia diferente, dependiendo de la incapaz que nos toque. Un día, a la misma hora, pasas en cinco minutos, otro día pasas en quince minutos.
Los siguienten policías está en el colegio La Recoleta o el colegio Da Vinci, en la Av. Golf Los Incas: Ellos, bien huachafos, usan guante blanco para paralizar el tránsito y además han puesto un rompemuelles...
Almuerzo y ceno en la calle con frecuencia y qué maravilla, qué tal seguridad, cada vez que salgo de un restaurante, casi siempre, encuentro un patrullero... ¿Para asistirme o para sacarme plata?
En la noche, ya en mi casa, viendo los noticieros, se repite la misma historia...
Lo cierto es que nuestra policía está podrida, comenzando por las más altas autoridades, hasta el último pinche que solo entiende que la corrupción es el único medio para crecer.
Si yo hubiera tenido hijos, uno de los consejos que les hubiera dado con mucha pena es "Cuídense y eviten a los policías porque son malos, corruptos y ladrones".
¿En quién confiamos?
Mi interacción con los policías generalmente comienza en las mañanas, alrededor de las 6:45 AM en que mientras tomo un café, leo el periódico y encuentro noticias como " No es broma: delincuentes roban equipaje de bus con 50 policías a bordo" o "El Perú es el país con mayor percepción de inseguridad en Latinoamérica", o "Seis altos mandos de la PNP fueron relevados por resguardo a operador de Montesinos" o "Pucalá: desconocidos causaron destrozos en un juzgado local" o "Trujillo: transportistas pagan cifras millonarias a extorsionadores" o "Un policía ebrio ocasionó un accidente de tránsito en San Martín de Porres" o "Machu Picchu: turistas denuncian que policías dormían pese a turno en comisaría" o "Áncash: roban 220 mil soles de cajero del Banco de la Nación a una cuadra de la comisaría" o "Policía en aparente estado de ebriedad causó accidente y habría amenazado a testigos", entre otros...
Hacia las 7:30 AM, si es que voy a mi oficina, me encuentro con el primer policía, gordo él y con pinta de inútil, ayudando a cruzar la avenida Santa Cruz a todos los papás y mamás del colegio María Reina que llegaron tarde: Sus amiguitos. No importa si parquearon mal, no importa si obstruyen el tránsito, él está ahí para servir...
Mi siguiente interacción es con las policías que se encuentran en el semáforo de Aramburú con Paseo de la República. Yo no entiendo para que ponen policías si ya tenemos semáforos, pero en todo caso, a veces es una, que no sabe qué hacer, a veces son dos, que no coordinan y a veces son tres, que se la pasan hablando por teléfono entre ellas sin tener idea de la situación del tránsito. Ni siquiera tienen idea del Reglamento de Tránsito y de cuál es el rol de la Policía.
Ocasionalmente, pero cada vez más seguido, me toca al gordo de la moto, ese que en plena Vía Expresa, hacia las 7:45 AM paraliza el tránsito en una VIA EXPRESA. No lo sé, pero seguramente para que algún personaje, funcionario público, congresista, ministro o fulano tipo López Meneses pueda transitar libremente, perjudicando a todos los ciudadanos y contribuyentes. Cada vez que paso delante de este gordo, en la salida a Javier Prado, me provoca bajar el vidrio y mandarlo a la CDSM pero hasta ahora no me he atrevido, o mi psicoterapeuta está haciendo su chamba.
De ahí sigue el óvalo Monitor, en la Universidad de Lima, donde cada día es una historia diferente, dependiendo de la incapaz que nos toque. Un día, a la misma hora, pasas en cinco minutos, otro día pasas en quince minutos.
Los siguienten policías está en el colegio La Recoleta o el colegio Da Vinci, en la Av. Golf Los Incas: Ellos, bien huachafos, usan guante blanco para paralizar el tránsito y además han puesto un rompemuelles...
Almuerzo y ceno en la calle con frecuencia y qué maravilla, qué tal seguridad, cada vez que salgo de un restaurante, casi siempre, encuentro un patrullero... ¿Para asistirme o para sacarme plata?
En la noche, ya en mi casa, viendo los noticieros, se repite la misma historia...
Lo cierto es que nuestra policía está podrida, comenzando por las más altas autoridades, hasta el último pinche que solo entiende que la corrupción es el único medio para crecer.
Si yo hubiera tenido hijos, uno de los consejos que les hubiera dado con mucha pena es "Cuídense y eviten a los policías porque son malos, corruptos y ladrones".
¿En quién confiamos?

