Hoy empezamos la quinta semana de cuarentena, aquí en Playa Señoritas, en Punta Hermosa, en el departamento que alquilamos por la temporada de verano y donde Rous y yo decidimos pasar las dos primeras semanas que se decretaron el 15 de marzo y que terminaron siendo seis.
Al día siguiente, el lunes 16, ya con estado de emergencia y con orden de inamovilidad, yo me fui a Lima porque tenía que armar una maleta con ropa para dos semanas, conseguir el alimento de mis dos mascotas y cerrar el departamento como es debido; es decir apagar la terma, sacar las plantas de la sala y llevarlas al patio para que reciban aire (ya deben estar muertas las pobres) y cerrar la llave de agua para evitar cualquier percance, de esos que siempre pueden pasar.
Regresé a Punta Hermosa el miércoles 18, ningún problema en el camino, solo me pararon un soldado y un policía en diferentes sitios, muy amables ambos, a quienes les mostré la bolsa de alimentos de mis mascotas y seguí adelante sin problemas. En ese momento las medidas no eran tan restrictivas.
Los primeros días tal vez un poco desorganizados, sí extrañando a nuestra Marthita querida, quien en verano viene a ayudarnos con la limpieza los martes, jueves y sábado pero a quien le pedimos se quede en su casa, asegurándole que sus ingresos por este período estaban asegurados.
Sin querer queriendo y sin que hayamos hecho un plan, Rous y yo nos organizamos y, siempre con la ayuda del buen Jaime, nuestro héroe del Cenepa, encargado de que este edificio funcione, es que estamos pasando estos días.
Por supuesto que la maleta que armé para las dos primeras semanas fue un desastre: Cuatro ropas de baño, seis polos y algo de ropa para las noches que hasta ahora no he usado. La embarré al no traer nada de ropa de abrigo, pero ya vi una cortina que puedo usar y parecer un miembro del FREPAP.
Todos los días me levanto a las 6:30 AM, termino de secar y guardar las cosas que quedaron en el escurridor de la cocina, saco de la refri la comida de Ignacio y Waype para que a las 12 PM esté a temperatura ambiente, tomo mi frugal desayuno que consiste de dos vasos de agua, uno de jugo de naranja y uno de yogurt. A las 7 AM viene Jaime para sacar a pasear a los enanos y yo regreso a la cama para leer en mi tablet El Comercio, Gestión, Perú 21 y Correo. Quisiera no ver más noticias pero es imposible,
Jaime tiene llave del departamento y deja a los niños cuando termina su corto paseo de ley, mientras yo leo los periódicos hasta más o menos las 8 AM. Trato de volver a dormir hasta las 9 AM y a veces puedo y hasta tengo sueños, pero otras veces no, pues siento mucha angustia por esta situación y lo que nos espera. Y me levanto con náuseas, con arcadas, con ganas de vomitar, hasta que pasa. Vive el día es lo que me digo. No es fácil.
A las 9 AM me ducho y obligatoriamente me afeito, pues me lo he puesto como norma. A continuación barro el departamento que, de manera impresionante, está lleno de pelos de Ignacio, mi frenchie querido. Los primeros días me demoraba mucho en este proceso y terminaba con un horrible dolor de espalda. Hoy termino mucho más rápido y ya no me duele la espalda. Afortunadamente súper Jaime ha estado ayudándonos todos los sábados y nos deja el departamento impecable.
Les cuento también que en lo que va de este período de confinamiento ya me afeité la cabeza dos veces. Es mucho más fácil.
Rous, sin que nos lo hayamos impuesto, se encarga de hacer la cama, de las compras, de cocinar y de otras muchas cosas más. La amo. Ella se trepa a la cuatri, se va al mercado y a cuanta tiendecita encuentre haciendo sus colas para abastecernos de lo que se pueda necesitar. Ya no hablamos de marcas, hablamos de productos.
Como a las 11 AM ella entra a la cocina y dispone de su magia. Cada día algo diferente, cada día sorprendiéndome más. Y también cada día cortándose y quemándose más las manos.
Mientras ella va cocinando yo voy lavando, secando y guardando lo que va utilizando, siempre con mi Vodka Tonic al lado.
A las 2 PM almorzamos, siempre con Jaime, con quien compartimos y de quien aprendo cada día más. Seguramente el cree que en nuestras largas conversaciones de política y de cosas de la vida el aprende de mí pero el que aprende soy yo. Ojalá nuestro país tuviera muchos Jaime Ticlla.
Terminado el almuerzo lavo platos, lavo ollas, lavo sartenes, lavo cubiertos y cucharones. Limpio toda la zona de la cocina y la dejo como si fuera una sala de operaciones o una UCI. Eso me toma como hasta las 4 PM.
Luego, ya con todo impecable, regreso a mi computadora a ver los mensajes y correos pendientes. En el ínterin regresa el buen Jaime a sacar a los niños a pasear y yo me voy a hacer una pequeña siesta. Si hay sol, en el balcón que da a la playa, si no hay mucho sol en el sofá de la sala y si hace frío en el dormitorio que está más protegido.
A las 7 PM le doy de comer a los niños, saco la bolsa de la basura, me doy otro baño y aquí estoy escribiendo...
Sí, me preocupa no tener ropa de abrigo para estos días, pero me preocupa mucho más lo que pasa con la gran mayoría de peruanos que viven del día a día...
No perdamos la esperanza.
