19 de septiembre de 2020

Cumpleaños en Las Dunas



Fue en 1993 o 1994, que un grupo de buenos amigos decidimos irnos de weekend al Hotel Las Dunas en Ica. Ahí estuvimos Álvaro y Elisa, Jose y Lucía, mi siempre querido excuñado Gonzalo con su ahora exesposa Cecilia, Jorge con su ahora exposa Carola, Igor con su ahora exesposa Julita, Jose con su ahora exesposa Giovanna, sus papás que también nos acompañaron, yo con mi exesposa Meche y por ahí me olvido de alguien más en este grupo grande.

Es decir, salvo dos parejas que se mantienen, el resto somos un solo de "ex" pero que en esa época la pasábamos súper bien...

Ese sábado habíamos acordado juntarnos temprano en esa terminal de Ormeño que está o estaba frente al colegio San Agustín y nos embarcamos en un bus de esos de dos pisos, donde el primero era nuestro y que nos llevaba directamente, sin paradas, al hotel Las Dunas.

Llegamos en un viaje rápido, seguramente de menos de tres horas, tal vez por lo entretenido y lo entusiasmados que estábamos. Nos registramos, nos instalamos en nuestras habitaciones y quedamos en encontrarnos en la piscina.

Y ahí, en un día soleado como los que siempre da Ica, nos íbamos encontrando e instalando en las poltronas con nuestros coolers y traguitos, dispuestos a pasarla de lo mejor. Al frente, al otro lado de la piscina, se iba armando un grupo grande de señoras, todas ellas acompañadas por un señor. No fue muy dificil averiguar que eran las mamás de un grupo de niños del colegio Santa María, que habían ido por las vacaciones de octubre. Y recuerdo que era octubre porque esa noche recibiríamos mi cumpleaños.

Esa tarde la pasamos súper, almorzamos muy bien, nos reímos, nos divertimos como buenos amigos, mientras veíamos al individuo del grupo de al frente que seguía tomando, tratando de encantar a todas las mamás del grupo. Pobres ellas que tenían que soportarlo. El era todo un "Chuchan Boy". Finalmente nos fuimos a descansar.

En la noche el programa era que los huéspedes nos reuniéramos en un ambiente del hotel para departir y divertirnos en medio de actividades que manejaba un cubano marica, disfrazado de algo parecido a Carmen Miranda, muy simpático.


Recuerdo que en el lugar de la reunión, en un extremo estaba la mesa grande de las mamás del Santa María con el ya borracho acompañante de todas ellas; en el centro se encontraba la mesa del buen Pepe Pardo con su simpática esposa y después estaba nuestro grupo, en una mesa larga donde yo estaba pegado a la pared o la ventana, al medio, con dificultad para moverme o salir sin incomodar a los que estaban a mi lado. No recuerdo si habían más mesas...

El juego de la noche era que cada mesa tenía que parodiar un comercial de televisión y quienes comenzaron fueron Pepe Pardo y su esposa que escogieron aquél conocido de "Pásame la Manty", que representaron muy bien.


Lo cierto es que el "Chuchan Boy", completamente borracho, estaba malogrando la noche e incomodaba a todos. Pobres mamás del Santa María, pensaba yo, de tener a este impresentable en su grupo.

A continuación el grupo de las mamás comenzó con la parodia de un comercial de D'Onofrio, pero una o unas de ellas de manera disimulada empezaron a tirar hielos a nuestra mesa, agresión que obviamente fue devuelta con más hielos.

Y fue en esta situación que Jorge, de nuestro grupo, siempre un caballero y que ya estaba solo, pues Carola se había ido a descansar, se levantó y se acercó a este tipo para pedirle que se tranquilice, se comporte y muestre respeto por las damas que se encontraban en el lugar. Lamentalemente en su cariñoso gesto lo abrazó.

Pues la reacción del tipo no fue otra que reventarle a Jorge en la cara el vaso que tenía en la mano, afortunadamente sin mayores consecuencias, salvo un corte en el mentón que hubo que cocer. En ese momento a Jose le vaciaron un balde de hielo en la cabeza, Gonzalo mi excuñado saltó desde el otro extremo de la mesa y se armó la bronca. Se pararon las mujeres que podían hacerlo, de una y otra mesa y comenzaron a jalarse los pelos, a empujarse y no se qué tanta cosa más. Los hombres que podían levantarse de la mesa -recuerden que habíamos algunos que estábamos contra el vidrio o la pared y teníamos mucha dificultad para movernos-, trataban de separar a las mujeres y acabar esta bronca.

En el medio de todo este bochinche, Pepe Pardo y su esposa, que no recuerdo si se quedaron sentados en su mesa o salieron disparados. Y el cubano marica con ataque de pánico, al borde del shock, sin saber qué hacer.

La bronca paró, se acabó la fiesta y todos estábamos en la Recepción del hotel pidiendo la presencia de la Policía a fin de hacer las denuncias respectivas. Finalmente nunca llegó ningún policía y la gente poco a poco se fue yendo a dormir.

¿Y lo de recibir mi cumpleaños? Para otra ocasión sería. Y nuestro sketch también.

Al día siguiente nos fuimos encontrando en el comedor para tomar desayuno, por supuesto comentando los acontecimientos de la noche anterior. En otra mesa estaba el infeliz con su esposa bien calladito. Después nos fuimos a ver cómo había quedado el local en el que se dió la reunión y nos quedamos espantados: Mesas y sillas volteadas, vasos y botellas rotos regados por el piso, manchas de sangre, en fin, parecía que efectivamente, había habido una batalla campal.

Algunos fueron a jugar tenis, otros fuimos a jugar frontón y finalmente nos volvimos a juntar en la piscina para disfrutar de ese sol maravilloso que siempre regala Ica. Nosotros en el mismo sitio que el día anterior y el grupo de mamás del Santa María con su atorrante más al otro extremo, seguramente con una resaca del espanto. El ambiente era tenso sin duda.


Lo gracioso es que don "Chuchan Boy", si quería ir al baño o si quería buscar hielo o cualquier cosa, debía rodear la piscina pasando delante de nosotros porque no tenía alternativa, y en cada una de sus pasadas, tanto de ida como de vuelta, le silbávamos como si fuera un mariquita y él, mudo, metía la barriga y el rabo entre las piernas, haciendo lo posible para transitar esos 20 metros de la manera más digna.

En esa época no existía Facebook, WhatsApp, Instagram ni nada de eso, pero de haber existido, este cuento lo hubiera conocido todo Lima y balnearios. Sin duda algo se supo.